Visitando la Residencia de Tarancón (Cuenca)

Hoy, nosotros, nos encontramos en una sociedad idolatra, parecida a la de Atenas, y ofrecemos culto a nuestros instintos, a cualquier ideología que nos ofrecen, a tantos personajes de los medios de comunicación, y por encima de todo, ofrecemos culto a nuestro yo: lo que yo siento, quiero, deseo, necesito. Esta manera de vivir que nos ofrecen y aceptamos nos lleva a una vida triste, a una vida cargada de males, de preocupaciones sin rumbo y sin esperanza. Y ciertamente, en medio de todo esto, también tendremos un altar al dios desconocido, en medio de nuestra vorágine, hay un anhelo profundo de algo que desconocemos y que buscamos en medio de la oscuridad en que nos encontramos.

Y en este mundo de hoy suenan las palabras del papa, como un nuevo Pablo en medio de nuestro Areópago. Todos sentimos la pesadez de nuestros males y en esa búsqueda de la sanación, las palabras del Papa nos abren una horizonte esperanzador  a través de la misericordia de Dios:

“Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación. Misericordia es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia es el acto último y supremo con el que Dios viene al nuestro encuentro. Misericordia es la ley fundamental que habla en el corazón de cada persona cuando mira los ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia es la vía que une Dios el hombres, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre no obstante al límite de nuestro pecado”. (bula convocatoria de jubileo extraordinario de la misericordia).

Intentando profundizar en esta misericordia, pero sobre todo, intentando vivirla en el día a día es en donde nos encontramos con un mundo extraordinario, y garantizamos, por experiencia propia, que no tiene comparación.

Es con este pensamiento y propósito de vida, que los miembros de la Asociación Cultural y Filantrópica Misericordia encuentra estimulo y alegría para visitar nuestros hermanos en Cristo en la residencia San Ramón y la Milagrosa en Tarancon (Cuenca).