fbpx

Santa María de la ilusión

 Señor Jesucristo, rodeado de entusiastas ángeles cantores, te sientes gozoso y feliz en el regazo de Santa María Virgen y Madre ilusionada. Quiero pedirte ilusión, entusiasmo fervor. Estoy preocupado. Veo por ahí mucha gente desilusionada, desanimada, que no se tiene en pie, que no camina ni cree que vale la pena caminar, desinflada, derrumbada. Veo también en la Iglesia muchos amargados, descontentos y resentidos, con rencor en el corazón, desengañados y hundidos, pesimistas hasta el derrotismo, ‘dimitidos’ de la perfección y del compromiso apostólico y eclesial. Hasta quieren convencernos de que la ilusión es inhibición, el entusiasmo un triunfalismo y el fervor un autoengaño.

La mayor parte del tiempo lo pasamos quejándonos, comentando y criticando. ¡Todo son problemas! ¡Todos con problemas! ¡Todos en crisis, en momentos bajos, con las cuerdas flojas! Cuántos, heridos en las alas, ya no vuelan a la altura de antes.

Santa María de la ilusión, ‘lucero del alba, luz de mi alma’, infúndenos ilusión, entusiasmo, fervor. Santa María de la ilusión, ‘de tus ojos penden las felicidades, míranos, Señora, no nos desampares’.

Tú no quieres seguidores ‘exaltados’, pero tampoco tristes, tibios y ensombrecidos.

Señor, quiero estar entusiasmado y no desalentado por nada, nunca. El entusiasmo supone conocimiento, convencimiento y amor, y se expresa en fidelidad. Los Santos son Cristianos convencidos y enamorados que obran en consecuencia, las personas más lógicas y coherentes. Señor, que ‘su valor deshaga cobardías’. Sin ilusión la vida cristiana está condenada a la mediocridad. Yo no quiero ser mediocre. La mediocridad es un modo de negarte. Santa María de la ilusión, pon entusiasmo e ilusión en mí, que no caiga en frialdad, apatía ni descorazonamiento; dame mucho corazón; quiero ser hombre de gran corazón.

Santa María de la ilusión, ayúdame a tener ideas claras que entusiasmen mi voluntad; que sepa dominar el frío realismo que no deja vibrar el espíritu; que sepa salir de la atonía y dé la nota,  mi nota limpia vibrante, original y propia. Ayúdame a estar ilusionado sin ser iluso.

Y en el fondo, lo que llamamos difícil, imposible, suele ser una trinchera donde se esconde nuestra pereza y nuestro miedo. Santa María de la ilusión, que oíste de boca del ángel que para Dios nada hay imposible, hazme comprender la ‘posibilidad de lo imposible’; desde la Fe, lo imposible es divisible en cierto número de pasos que, progresivamente, se van haciendo posibles. Cada posibilidad vencida da acceso a una posibilidad nueva. Hazme entender que el amor es ingenioso y que ‘amando’ es posible hacer lo que no se puede hacer ‘desamando’.

He descubierto que a ti esperando se te sirve. Esperaré. Santa María de la esperanza ilusionada, ‘mantén el ritmo de nuestra espera’.

No se puede anunciar el Evangelio a través de evangelizadores tristes y desanimados. Santa María de la ilusión, dame un entusiasmo contagioso y altamente comunicativo, que lo esparza a mi alrededor, que nunca me frene el miedo, la negligencia ni la vergüenza;  que nunca caiga en complejo de asediado ni derrotado.

El desilusionado está marchito. El desilusionado ha perdido el verdor. La auténtica juventud no se pliega a la tiranía de la edad biológica. ‘No es viejo quien ha vivido cierto número de años; es viejo quien mira atrás cuando ha tomado el arado. Los años arrugan la piel, el alma no arruga los años’.  Santa María de la ilusión, nos asimos fuertemente a tu mano, ‘para subir con vos al monte sacro”.

Señor, dame entusiasmo, no un entusiasmo ciego, sino el entusiasmo de los mártires y confesores de la fe, de las vírgenes y misioneros, de los evangelizadores y de los apóstoles, dame el fervor de los santos. Eleva el tono interior de mi ser, a veces se me baja el tono; eleva el ritmo de mi corazón, a veces siento arritmia; recalienta mi corazón y aceléralo en mi caminar contigo.

Quiero vivir entusiasmado, ilusionado contigo en tu santa Iglesia. Dame fervor, mucho fervor; enciende en mí aquel fuego que tú viniste a traer a la tierra.

Santa María de la ilusión, ven junto a mí, sobre todo en los momentos bajos; ‘que cuando llegue el dolor, que yo sé que llegará, no se me enturbie el amor ni se me nuble la paz’. Restaura en nosotros la ilusión. Mantennos siempre erguidos y no caídos como los que han perdido la esperanza.

 Santa María de la ilusión, ruega por nosotros.

 

Citas extraídas del citado libro Sub tuum praesidium Sancta Maria, Mater Ecclesiae en las páginas 215 a 219, Editorial EDICE, Madrid 2016).

La Asociación Misericordia dio inicio en octubre pasado a una sección nueva. Se trata de transmitir regularmente unos preciosos pensamientos sobre la Santísima Virgen María de autoría del Obispo emérito de San Cristóbal de La Laguna, Canarias, Mons. Damián Iguacén Borau.
Este ilustre Prelado, fue el Obispo más anciano del mundo hasta su fallecimiento el 24 de noviembre.
Cuando Mons. Damián Iguacén cumplió cien años, la Conferencia Episcopal Española publicó un libro denominado “Sub tuum praesidium Sancta Maria, Mater Ecclesiae” que reúne una serie de escritos de D. Damián sobre la Virgen María, dedicados a las más variadas advocaciones y títulos de la Virgen por él ideados.
Por considerarlas de mucha utilidad para nuestros lectores, publicaremos regularmente citas de esos escritos de Mons. Iguacén en el libro editado por la CEE en la Editorial EDICE, Madrid 2016.