Visitando la Residencia de mayores en Camarenilla en 11 de febrero 2014

¿Quién no se conmueve ante las heridas, el dolor y el aislamiento de cualquier ser humano? Sólo alguien con un corazón de piedra, es capaz de no sentir compasión por un enfermo grave o ser indiferente, a sus muestras de dolor.

La Asociación Cultural y Filantrópica Misericordia, constituida por un grupo de seglares católicos, organiza visitas, durante todo el año, a enfermos y ancianos, transmitiéndoles palabras de consuelo y esperanza.
Son cada vez más numerosos aquellos que quieren mitigar y dulcificar los sufrimientos de cientos de infelices; atender sus necesidades, enjugar sus lágrimas, adivinar con la inteligencia de la caridad sus doloras privaciones, iluminar con la esperanza sus sombrías tristezas y recuperar la sonrisa a en sus semblantes.

 

 

MEDALLA Y CRUZ DE SAN BENITO

MEDALLA DE SAN BENITO

La medalla de San Benito es un SACRAMENTAL reconocido por la Iglesia con gran poder de EXORCISMO. Como todo sacramental, su poder está no en si misma sino en Cristo quien lo otorga a la Iglesia y por la fervorosa disposición de quién usa la medalla.

Descripción de la medalla:

En el frente de la medalla aparece San Benito con la Cruz en una mano y el libro de las Reglas en la otra mano, con la oración: «A la hora de nuestra muerte seamos protegidos
por su presencia». (Oración de la Buena Muerte).

 

 

 

El reverso muestra la cruz de San Benito con las letras:

C.S.P.B. : «Santa Cruz del Padre Benito»
“Crux Santi Patris Benedicti”
C.S.S.M.L. : «Que la Cruz santa sea mi luz» (vertical de la cruz)
“Crux Sacra Sit Mihi Lux”
N.D.S.M.D. : «que el Demonio no sea mi amo» (horizontal de la cruz)
“Non Draco Sit Mihi Lux”

En círculo, comenzando por arriba hacia la derecha:

V.R.S. : «Retrocede Satanás»
“Vade Retro Satana”
N.S.M.V. : «No me ilusionaras de cosas vanas»
“Non Suade Mihi Vana”
S.M.Q.L. : «Lo que me presentas es malo»
“Sunt Mala Quae Libas”
I.V.B. : «Bebe tú mismo de tus propios venenos».
“Ipse Venea Bibas”
PAX : «Paz»
“Pax”

Indulgencias:

El 12 de marzo de 1742 el Papa Benedicto XIV otorgó indulgencia plenaria a la medalla de San Benito si la persona se confiesa, recibe la Eucaristía, ora por el Santo Padre en las grandes fiestas y durante esa semana reza el santo rosario, visita a los enfermos, ayuda a los pobres, enseña la Fe o participa en la Santa Misa. Las grandes fiestas son Navidad, Epifanía, Pascua de Resurrección, Ascensión, Pentecostés, la Santísima Trinidad, Corpus Christi, La Asunción, La Inmaculada Concepción, el nacimiento de María, todos los Santos y fiesta de San Benito.

Número de indulgencias parciales: por ejemplo:
1) 200 días de indulgencia, si uno visita una semana a los enfermos o visita la Iglesia o enseña a los niños la Fe.
2) 7 años de indulgencia, si uno celebra la Santa Misa o está presente, y ora por el bienestar de los cristianos, o reza por sus gobernantes.
3) 7 años si uno acompaña a los enfermos en el día de todos los Santos.
4) 100 días si uno hace una oración antes de la Santa Misa o antes de recibir la sagrada Comunión.
5) Cualquiera que por cuenta propia por su consejo o ejemplo convierta a un pecador, obtiene la remisión de la tercera parte de sus pecados.
6) Cualquiera que el Jueves Santo o el día de Resurrección, después de una buena confesión y de recibir la Eucaristía, rece por la exaltación de la Iglesia, por las necesidades del Santo Padre, ganará las indulgencias que necesita.
7) Cualquiera que rece por la exaltación de la Orden Benedictina, recibirá una porción de todas las buenas obras que realiza esta Orden.

Quienes lleven la medalla de San Benito a la hora de la muerte serán protegidos siempre que se encomienden al Padre, se confiesen y reciban la comunión o al menos invoquen el nombre de Jesús con profundo arrepentimiento.

Formulario Medalla San Benito

Este santo compuso una frase que se ha hecho famosa entre los creyentes. Dice así: «Para ofrecer bien una Eucaristía se necesitarían tres eternidades: una para prepararla, otra para celebrarla y una tercera para dar gracias».

Nació en un pueblecito de Francia, llamado Ri (en Normandía) en el año 1601. Sus padres no tenían hijos e hicieron una peregrinación a un santuario de Nuestra Señora y Dios les concedió este hijo, y después de él otros cinco.

Ya desde pequeño demostraba gran piedad, y un día cuando un compañero de la escuela lo golpeó en una mejilla, él para cumplir el consejo del evangelio, le presentó la otra mejilla.

Estudio en un famoso seminario de París, llamado El Oratorio, dirigido por un gran personaje de su tiempo, el cardenal Berulle, que lo estimaba muchísimo.

Al descubrir en Juan Eudes una impresionante capacidad para predicar misiones populares, el Cardenal Berulle lo dedicó apenas ordenado sacerdote, a predicar por los pueblos y ciudades. Predicó 111 misiones, con notabilísimo éxito. Un escritor muy popular de su tiempo, Monseñor Camus, afirmaba: «Yo he oído a los mejores predicadores de Italia y Francia y puedo asegurar que ninguno de ellos conmueve tanto a las multitudes, como este buen padre Juan Eudes».

Las gentes decían de él: «En la predicación es un león, y en la confesión un cordero».

San Juan Eudes se dio cuenta de que para poder enfervorizar al pueblo y llevarlo a la santidad era necesario proveerlo de muy buenos y santos sacerdotes y que para formarlos se necesitaban seminarios donde los jóvenes recibieran muy esmerada preparación. Por eso se propuso fundar seminarios en los cuales los futuros sacerdotes fueran esmeradamente preparados para su sagrado ministerio. En Francia, su patria, fundó cinco seminarios que contribuyeron enormemente al resurgimiento religioso de la nación.

Con los mejores sacerdotes que lo acompañaban en su apostolado fundó la Congregación de Jesús y María, o padres Eudistas, comunidad religiosa que ha hecho inmenso bien en el mundo y se dedica a dirigir seminarios y a la predicación.

En sus misiones lograba que muchas mujeres se arrepintieran de su vida de pecado, pero desafortunadamente las ocasiones las volvían a llevar otra vez al mal. Una vez una sencilla mujer, Magdalena Lamy, que había dado albergue a varias de esas convertidas, le dijo al santo al final de una misión: «Usted se vuelve ahora a su vida de oración, y estas pobres mujeres se volverán a su vida de pecado; es necesario que les consiga casas donde se puedan refugiar y librarse de quienes quieren destrozar su virtud». El santo aceptó este consejo y fundó la Comunidad de las Hermanas de Nuestra Señora del Refugio para encargarse de las jóvenes en peligro. De esta asociación saldrá mucho después la Comunidad de religiosas del Buen Pastor que tienen ahora en el mundo 585 casas con 7,700 religiosas, dedicadas a atender a las jóvenes en peligro y rehabilitar a las que ya han caído.

Este santo propagó por todo su país dos nuevas devociones que llegaron a ser sumamente populares: La devoción al Corazón de Jesús y la devoción al Corazón de María. Y escribió un hermoso libro titulado: «El Admirable Corazón de la Madre de Dios», para explicar el amor que María ha tenido por Dios y por nosotros. Él compuso también un oficio litúrgico en honor del corazón de María, y en sus congregaciones celebraba cada año la fiesta del Inmaculado Corazón.

Otro de sus Libros se titula: «La devoción al Corazón de Jesús». Por eso el Papa San Pío X llamaba a San Juan Eudes: «El apóstol de la devoción a los Sagrados Corazones». Redactó también dos libros que han hecho mucho bien a los sacerdotes: «El buen Confesor», y «El predicador apostólico».

Murió el 19 de agosto de 1680. Su gran deseo era que de su vida y de su comportamiento se pudiera repetir siempre lo que decía Jesús: «Mi Padre celestial me ama, porque yo hago siempre lo que a Él le agrada».

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