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André Ferreira
Publicado: julio 20, 2023

Concentrándonos en lo que realmente importa: nuestra relación con Dios y los demás a través del perdón de Dios

Puede que en muchas ocasiones hemos dudado o simplemente haya pasado por nuestras mentes la inquietante pregunta: ¿Puedo perdonar o ser perdonado?

El perdón es un regalo que nos ofrece Dios a través de su infinita misericordia, pero también es una responsabilidad que tenemos como cristianos para perdonar a los demás y buscar su perdón cuando hemos ofendido. La Iglesia nos enseña que el perdón divino y la importancia de perdonar a los demás nos proporciona una gran paz y consuelo, sobre todo en los últimos días de nuestra vida, permitiéndonos dejar atrás cualquier resentimiento o rencor y concentrarnos en lo que realmente importa: nuestra relación con Dios y con los demás.

La confianza en el perdón de Dios ayuda a las personas a encontrar un sentido de paz y aceptación en el final de sus vidas. A medida que envejecemos, a menudo enfrentamos preguntas difíciles sobre cómo podemos encontrar significado y propósito en nuestras vidas.

La certeza de que Dios nos ama y nos perdona incondicionalmente, nos da la esperanza y la confianza de que, con la muerte, seremos llevados a la vida eterna en la presencia de Él.

La fe en el perdón divino nos recuerda que cada uno de nosotros somos amado por Dios y que tenemos un propósito importante en la vida, independientemente de nuestra edad o circunstancias. También nos ayuda a reconocer la importancia de nuestras relaciones y a cultivar el amor y la compasión por los demás, incluso cuando hemos sido heridos u ofendidos.

La necesidad de sentirse perdonado por los demás es muy importante para nuestra salud mental y emocional, especialmente a medida que nos acercamos a nuestros últimos días. El perdón nos libera del peso del resentimiento, la culpa y el arrepentimiento, permitiéndonos vivir en paz con nosotros mismos y con los demás.
La falta de perdón puede generar sentimientos de aislamiento y soledad, así como de estrés y ansiedad, que pueden tener consecuencias negativas para la salud física y mental. Por otro lado, el acto de perdonar, ya sea siendo perdonando nosotros mismos o perdonando a los demás, puede reducir el estrés, mejorar el estado de ánimo y aumentar la satisfacción con la vida.

El perdón también nos permite cultivar relaciones más fuertes y significativas con los demás, lo que puede ser particularmente importante a medida que envejecemos y nos enfrentamos a la pérdida de seres queridos y al deterioro de la salud.

En definitiva, la necesidad de sentirse perdonado por Dios y los demás es fundamental para nuestra salud mental y emocional, especialmente a medida que nos acercamos a nuestros últimos días. La fe en el perdón divino y la importancia del perdón pueden ayudarnos a encontrar un mayor sentido de propósito, significado, paz y aceptación en el final de nuestras vidas, permitiéndonos dejar atrás el resentimiento y arrepentidos, enfocarnos en lo que realmente importa: nuestra relación con Dios y con los demás.

 

La Biblia: Mateo 6:14-15, Mateo 18:21-35, Lucas 17:3-4
La teología: C.S. Lewis, «Mere Christianity», Anders Nygren, «La ley del amor»
La psicología: Martin Seligman, «La auténtica felicidad», Fred Luskin, «Forgiving the unforgivable»
La sociología: Michael Walzer, «Justicia»