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André Ferreira
Publicado: febrero 24, 2022

Porque la justicia se relaciona con la caridad

 

Ud. que va leer estas líneas, no es un mero espectador. Llamamos atención para una realidad de la que quizás pueda hacer parte.

MISERICORDIA lleva adelante, con el apoyo generoso de muchos benefactores, una serie de actividades vinculadas a la palabra que da origen y define nuestra institución. Es una tarea muy necesaria en los duros y rudos tiempos, en que nos toca vivir, llenos de crisis y de angustias inclusive.

¿Qué nos lleva a ello? ¿Por qué gastar tiempo, esfuerzo, dedicación y recursos en eso?.

El amor —«caritas»— es una fuerza extraordinaria, que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y de la paz. Es una fuerza que tiene su origen en Dios, Amor eterno y Verdad absoluta. Cada uno encuentra su propio bien asumiendo el proyecto que Dios tiene sobre él, para realizarlo plenamente: en efecto, encuentra en dicho proyecto su verdad y, aceptando esta verdad, se hace libre” enseñaba el célebre y docto Papa Benedicto XVI en el inicio de su conocida Encíclica Deus Caritas est.

Esta verdad es siempre bueno recordarla, para entender a fondo la naturaleza de nuestras actividades. Y curiosamente, la eficacia de las mismas. Si la eficacia. Puede ser que suene a primera vista como extraño. Pero la eficacia de muchas obras depende del entusiasmo que se ponga en llevarlas a cabo y en el impulso que las motiva. Esa actitud lleva a pasar por encima de las dificultades, de los obstáculos, de los aparentes fracasos o de los optimismos sin fundamento.

La justicia social exige nuestro compromiso. El amor de Dios exige nuestra caridad. La indiferencia es el cómplice más cómodo de la injusticia. Y en muchas circunstancias lo que para uno es un pequeño sacrificio, para otro es algo de vital, de imprescindible.

El espíritu de la Iglesia, madre compasiva, estimula todo cuanto pueda llevar alivio a las miserias humanas. Ella no nutre la ilusión de que las eliminará todas. La bondad no siempre desarma la maldad humana pero propicia un real aprecio por la rectitud moral que inspira los actos de justicia y de misericordia.

La caridad y la justicia practicadas a distancia no bastan para establecer entre las personas relaciones de amor verdaderamente recto.  Por eso es necesario el contacto personal, el llegar a las personas. Es también lo que Misericordia realiza con sus visitas y actividades.

Un ejemplo que merece ser conocido es el siguiente:

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