Santa María, Virgen intrépida

 

Cuando en el calvario todo parecía hundirse, la Virgen María estaba junto a la cruz de su Hijo. Estaba; sin temor a las amenazas, sin quebrarse ante el dolor, guardando íntegra la fidelidad prometida. Aquel delicioso y ya lejano, “hágase” de la Anunciación, culmina ahora, aquí, en este doloroso y silencioso: “Estaba junto a la Cruz”. Estaba, Dolorosa, pero erguida, valiente, en pie. Es la “Virgen Intrépida”, firme, perseverante, fiel. Nos acerquemos, para aprender, para pedir, por su intercesión, que el Señor nos conceda firmeza, fortaleza, intrepidez, fuerza de voluntad. Lo necesitamos.

La fuerza de voluntad es necesaria para el seguimiento fiel de Cristo. La base humana de la santidad es tener una voluntad firme y decidida. Sin fuerza de voluntad tampoco se hace nada en el apostolado. Nada es fácil, sin fuerza de voluntad, todo se nos viene abajo. Flaqueamos mucho y en muchas cosas. Encontramos dificultades aún en lo que parecía fácil y sencillo. Tenemos experiencia de la propia debilidad, sobre todo en el campo de la moral. Los que hacen propósitos se desvanecen muchas veces en el momento en que deberían haberse mantenido. Algo no va bien en nosotros.

Se nos olvida que somos herederos de aquellos a quienes acusaban de “alborotarlo todo”. Pertenecemos a la misma “raza escogida” de los mártires, confesores, vírgenes, santos y santas de Dios, que todo lo han dado por Cristo, y nosotros damos la impresión de tener poco coraje y escaso empuje apostólico. Estamos perdiendo el gusto por la “aventura de Dios”, seducidos por otras aventuras. Tenemos miedo, a hacer el ridículo, a que nos tilden de anticuados si somos fieles  a lo que hemos recibido. ¿Qué nos está sucediendo?

Alguien con autoridad ha hecho, con gran acierto, el diagnóstico exacto del mal que nos aqueja: letargo de espíritu, frialdad de corazón, anemia de voluntad. La anemia de voluntad es muy perniciosa, y está en la base de nuestro mal. Con voluntad anémica no seremos capaces de responder a las llamadas del Señor. ¿Quieres? ¿Estás dispuesto?, nos pregunta. La oferta de salvación que nos hace exige una respuesta personal y libre por nuestra parte. Y nosotros tenemos capacidad de acogerla libremente o de rechazarla. Nuestra libertad elige. Existe la posibilidad real de eterna perdición. Esta posibilidad no reposa sobre la voluntad de Dios. Él quiere que todos se salven, reposa sobre nuestra libre voluntad, que frecuentemente es débil. ¿Por qué es tan débil nuestra  voluntad?

La poca fuerza de voluntad puede tener tres causas, una en el entendimiento, otra en el sentimiento y otra en el temperamento. A la sombra de la Virgen Intrépida pensemos, reflexionemos y oremos, para encontrar dónde está la causa y el remedio de nuestra debilidad.

La mentalidad actual es opuesta a todo lo que suponga sacrificio y privación. La privación es considerada represión. Pero no es así. El sacrificio, el  vencimiento propio, el esfuerzo personal, son factores necesarios para la madurez de la persona. Una represión impuesta, sin sentido, rompe la persona; una represión con sentido es totalmente necesaria. El “niégate a ti mismo” forma parte del seguimiento de Cristo.

Hay que ser intrépidos ante el peligro, en la tentación, en los momentos duros; es menester vigilar y  orar y resistir valientes en la fe. La Virgen es Intrépida al pie de la Cruz. Intrépida en la obediencia, en la pobreza, en el dolor, nunca se desmayó ante el dolor. A nosotros todo eso nos hunde.

Intrépidos en la fe. Como María, que dice a Jesús: “No tienen vino”, y no se decepciona por la respuesta aparentemente decepcionante que recibe: “todavía no ha llegado mi hora”. Aprendamos de María, Virgen Intrépida, a comprender las aparentes negativas de Jesús. Parece, nos parece, que dice no, pero es sí. Siempre dice sí, aunque parezca que es no. El “no” de Jesús es siempre “si”  para nosotros. Él, es el Sí, siempre Salvador, aún en sus aparentes “noes”. Lo que quiere y lo que permite que nos suceda es siempre bien para nosotros, todo es expresión de su amor. Si parece que nos niega algo, es siempre para darnos más y mejor. Él siempre es benévolo, nunca malévolo, en todo quiere el bien, quiere bien. Es cuestión de sintonizar con su voluntad, siempre benevolente. Jesús siempre llega a tiempo, aún cuando  nos parece que tarda: es el Señor del tiempo y de la historia. Es cuestión de sincronizar nuestra voluntad con la suya y de poner cada día nuestros relojes a su hora. Jesús nunca llega tarde, pero tampoco antes de la hora.

“No tienen vino”, dice María a Jesús. El vino es símbolo de fortaleza, de vigor espiritual y de alegría: dos carencias nuestras. El vino simboliza también el amor llevado hasta el extremo de derramar la sangre, hasta la locura de la Cruz: “Sangre de Cristo”, embriágame. Eso nos hace falta a nosotros, amor y fuerza de voluntad: Díselo, Santa María, Virgen Intrépida.

Amar es preocuparse con una preocupación activa, por el prójimo. El que ama de verdad apela a todo, quiere salvar todo, cuida y protege, busca soluciones a todo, no se resigna al castigo sin más, n a la ruina de nadie. Como lo hace el Señor. Dios es Amor. Dios ama siempre, aun cuando parece que amenaza con castigos. Las amenazas de Dios son expresiones de su amor.

Pidamos insistentemente fuerza de voluntad.  “Inspíranos Señor, el amor a tus preceptos y la esperanza en tus promesas, para que en medio de las vicisitudes del mundo nuestros corazones estén  fijos en la verdadera alegría. “Danos, Señor, la firme voluntad compañera y sostén de la virtud”. “Haznos intrépidos, capaces de luchar valerosamente por la confesión  de nuestra fe”. Dinos constantemente a los que constantemente caemos: “Levántate y anda”.

Santa María, Virgen Intrépida, “que no nos cansemos. Nada de volver la cara atrás, nada de cruzarse de brazos, nada de estériles lamentos”.

Santa María, Virgen intrépida, ruega por nosotros.

(Citas extraídas del mencionado libro Sub tuum praesidium Sancta Maria, Mater Ecclesiae en las páginas 443 a 449, Editorial EDICE, Madrid 2016).

 

 

La Asociación Misericordia dio inicio en octubre pasado a una sección nueva. Se trata de transmitir regularmente unos preciosos pensamientos sobre la Santísima Virgen María de autoría del Obispo emérito de San Cristóbal de La Laguna, Canarias, Mons. Damián Iguacén Borau.
Este ilustre Prelado, fue el Obispo más anciano del mundo hasta su fallecimiento el 24 de noviembre.
Cuando Mons. Damián Iguacén cumplió cien años, la Conferencia Episcopal Española publicó un libro denominado “Sub tuum praesidium Sancta Maria, Mater Ecclesiae” que reúne una serie de escritos de D. Damián sobre la Virgen María, dedicados a las más variadas advocaciones y títulos de la Virgen por él ideados.
Por considerarlas de mucha utilidad para nuestros lectores, publicaremos regularmente citas de esos escritos de Mons. Iguacén en el libro editado por la CEE en la Editorial EDICE, Madrid 2016.