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	<title>historias archivos - Asociación Misericordia</title>
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	<description>ASOCIACIÓN CULTURAL Y FILANTRÓPICA MISERICORDIA</description>
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	<title>historias archivos - Asociación Misericordia</title>
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		<title>Santa María de la Acogida</title>
		<link>https://www.acfmisericordia.org/santa-maria-de-la-acogida/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 06 Oct 2022 11:14:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Santa María]]></category>
		<category><![CDATA[Santa María Virgen de la Acogida]]></category>
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				<div class="et_pb_text_inner"><h3 style="text-align: center;"><strong>Santa María de la Acogida</strong></h3>
<p>&nbsp;</p>
<p>María es la criatura mejor acogida por Dios. “Has hallado gracia delante de Dios” le dice el ángel, la que mejor ha acogido la gracia y la Palabra de Dios, y la que mejor nos acoge a nosotros “pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte”.</p>
<p>Acogida viene de acoger. Acoger es un verbo que hemos de aprender a conjugar bien en todos los tiempos, si queremos que nuestra sociedad no sea selvática, sino humana, si queremos comunidades fraternas y que nuestro mundo sea una familia de hermanos. Es difícil acoger, acogernos; pero sin acogida, no hay vida cristiana.</p>
<p>En la Sagrada Escritura el objeto central del amor es el pobre, el extranjero, la viuda, el huérfano, es decir, aquellos seres débiles y desvalidos que no pueden ayudarnos, ni de ellos podemos sacar nada, que no pueden darnos nada a cambio. La acogida tiene mucho de gratuidad. Hay una larga lista de seres débiles. Es débil todo el que no puede valerse del todo por sí mismo, ya sea permanentemente, ya sea ocasionalmente. La acogida abarca todas las obras de misericordia, todas son “acogida”.</p>
<p>La acogida es una exigencia del amor fraterno. Dios nos ha dado al hermano para que lo amemos, no simplemente para que lo soportemos. Hay que superar los vínculos de la carne y de la sangre: todos somos hermanos. La fe y la gracia de Dios, que nos hacen hijos de Dios, crean comunidades con vínculos de fraternidad más fuertes y durables que los de la carne y de la sangre.</p>
<p>Es verdad que todos somos muy distintos; por voluntad de Dios todos somos diferentes, pero no para enfrentarnos, pelearnos y distanciarnos, sino para completarnos, enriquecernos y entrar en comunión. La heterogeneidad es la garantía de autenticidad evangélica de una comunidad.</p>
<p>Los hermanos no se eligen, se nos dan, se aceptan y se acogen. Una exigencia del amor fraterno es acoger a todos.</p>
<p>Hay que aceptar a todos, a cada uno como es, no como nosotros quisiéramos que fueran. Aceptar al otro, como el otro es, reconocer que es diferente, que no tiene por qué ser como nosotros, sentir como nosotros y tener nuestros propios gustos.</p>
<p>La influencia de unos sobre los otros no ha de ser para anularlos y eclipsarlos. Se ejerce un positivo influjo sobre los otros en la medida en que les permitimos, les ayudamos y les estimulamos a ser ellos mismos, tal como Dios los ha creado y quiere que sean, dentro de las naturales reglas de convivencia.</p>
<p>Para aceptar al otro es preciso antes que nos sepamos aceptar nosotros a nosotros mismos. Es difícil que se acepte al otro el que no acepta a sí mismo. Primero he de aceptarme yo, he de estar conforme con el ser que soy, con las cualidades que tengo y con las limitaciones. Esta aceptación de uno mismo ha de ser incondicional; no me acepto a pesar de mis limitaciones y defectos, sino que me acepto con mis limitaciones y defectos, que procuraré ir superando. Las reacciones violentas, las estridencias, no son sino descargas de nuestros conflictos internos no maduros ante Dios.</p>
<p>El que vive “harto” de sí mismo termina “hartándose” de la vida y de los demás, y “hartando” a todos. No seremos capaces de aceptar a los demás como debemos, si no nos aceptamos a nosotros mismos. Una vez que uno se acepta a sí mismo y, a partir de ahí, sabe tomar la vida en sus manos y llamar las cosas por su nombre, el cambio a lo mejor llega sin que se advierta. Sentirse amado y aceptado por Dios tal como es, y aceptarse a sí mismo, es una fuente pura de felicidad: Dios me quiere como soy, y, desde como soy, trabajaré por la perfección.</p>
<p>Acoger es escuchar.  Muchos no necesitan más que ser escuchados. Ser escuchados con afecto es para muchos una terapia. El desprecio más doloroso se suele expresar diciendo: no ha querido ni escucharme.</p>
<p>Escuchar no es simplemente oír; es oír con atención, con interés. El problema de innumerables personas es la incomunicación, no tienen interlocutores, aunque vivan con otros. Son muchas las personas que nadie escucha.</p>
<p>Escuchar no es fácil; es más fácil hablar de lo nuestro. Si amamos poco, se nos hará muy costoso. Tenemos tendencia a dar “mucha importancia a lo nuestro y menos a lo de los otros. Es difícil escuchar porque nos parece perder el tiempo, porque ya sabemos lo que nos van a decir, porque bastantes problema tenemos nosotros para que nos vengan con problemas, el ritmo de la vida nos dificulta la escucha, no tenemos tiempo”.  Pero si somos sinceros, todo esto es excusa, muchas veces no es la falta de tiempo, lo que nos falta es interés y amor. El, que no escucha no será acogedor.</p>
<p>Y una escucha fría, no cordial, “diplomática” de  simple educación, no es la escuchan que esperan y necesitan los que nos hablan. Escuchar es para acoger, y acoger es para ayudar a solucionar la situación, no para ser cómplice de ella.</p>
<p>Acoger es comprender. Acoger es comprender al otro desde dentro.</p>
<p>La persona es la única criatura creada que Dios ama por sí misma. A veces nosotros amamos y apreciamos a los otros no por sí mismos, sino por la relación que tienen, con otros, que para nosotros,  son los importantes y con los que queremos quedar bien. Hay todo un mundo de recomendaciones y enchufes. Una acogida que necesita recomendación, pude ser una acogida adulterada; otra cosa es una buena y objetiva información. Hay un desprecio de la persona cuando se la trata como un número, un caso, una pieza de engranaje, por lo que cotiza o rinde, por el voto. En todo esto hay una falta de respeto y un peligro de instrumentalización.</p>
<p>Solo cuando se llega a una madurez afectiva se tiene independencia interior, se sabe acoger y caminar juntos.</p>
<p>La Virgen María es modelo de acogida de la gracia y de la Palabra de Dios.</p>
<p>Cuando acogemos la Palabra de Dios y entramos en el conocimiento de Nuestro Señor Jesucristo, se produce en nosotros un deseo vehemente de entrar en comunión con ÉL y un impulso incoercible de darlo a conocer, nos hacemos morada y servidores de la Palabra, acogedores y servidores.</p>
<p>Santa María, Nuestra Señora de la Acogida, Madre del gran Compromiso, señora del sí a la entrega total, Corredentora, Colaboradora del Señor, enséñanos a amar como tú amas, con amor de compromiso. Haznos comprender que amar es escoger, que acoger es aceptar, escuchar, comprender, preocuparse, respetar, valorar, responsabilizarse de la vida y del crecimiento de los otros.</p>
<p><em>Santa María, nuestra Señora de la acogida, ruega por nosotros.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>(Citas extraídas del mencionado libro<strong> Sub tuum praesidium Sancta Maria, Mater Ecclesiae </strong>en las páginas 22 a 29, Editorial EDICE, Madrid, 2016).</p></div>
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		<title>Santa María de las cuatro palabras</title>
		<link>https://www.acfmisericordia.org/santa-maria-de-las-cuatro/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 12 Apr 2022 14:57:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Santa María]]></category>
		<category><![CDATA[Santa María Virgen de las Espigas]]></category>
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				<div class="et_pb_text_inner"><h3 style="text-align: center;"><strong>Santa María de las cuatro palabras</strong></h3>
<p>Señor Jesús, al entrar en este mundo, enviado por el Padre, dijiste entusiasmado: “Padre, me has dado un cuerpo apto para todo sacrificio: aquí estoy, para hacer tu voluntad”. Infunde en mi corazón los mismos sentimientos que impulsaron tu vida de entrega a la voluntad del Padre.</p>
<p>Santa María, Virgen gloriosa “al aceptar la palabra divina fuiste hecha Madre de Jesús y abrazando la voluntad salvífica de Dios con corazón generoso y sin impedimento de pecado alguno, te consagraste totalmente a ti misma cual esclava del Señor a la persona y a la obra de tu Hijo, sirviendo el misterio de la redención con él y bajo él, por la gracia de Dios omnipotente”. Quiero imitarte en tu entrega, oh Señora mía y Madre mía.</p>
<p>Vengo a pedirte dos gracias: que me introduzcas en los sentimientos profundos de Jesús, que tú tan bien conoces y que me expliques en cuatro palabras cómo respondiste tú al que te eligió, te predestinó y te hizo morar en su templo santo.</p>
<p>Tu vida, a imitación de la de Jesús, fue una respuesta perfecta, expresada en cuatro palabras: “sí”, “aquí estoy”, “amén”, “aleluya”. Cuatro palabras que sintetizan elocuentemente los sentimientos de Jesús, el Siervo de Yahvé, y tu permanente actitud de sierva del Señor. Por eso, me encanta llamarte Santa María de las cuatro palabras: “sí”, “aquí estoy”, “amén”, “aleluya”.</p>
<p>Con estas cuatro palabras yo quiero hacer un marco y meterte dentro. En estas cuatro palabras quiero enmarcar toda mi existencia cristiana y no salirme de ahí.</p>
<p>“¡Sí!” es la respuesta de los fieles, de los convencidos, de los enamorados. Palabra breve, exigente, comprometedora. Es la expresión de la coherencia. Cada día y en los mil detalles de cada día quiero vivir las exigencias del “sí”. Quiero que mi vida sea un “¡sí!” a ti; un “si” grande, redondo, global, que a lo largo del año y de los días se va desglosando en una serie de “síes” menudos, pequeños, sin relieve.</p>
<p>Somos los profesionales del “si”. Nuestro bautismo fue un “sí”; la consagración a Dios es un “sí”; la ordenación sacerdotal es un “sí”; cada sacramento recibido es un “sí”, ya que expresan la fe, la adhesión total, plena y definitiva a ti, Señor. El primer “sí” viene del Padre, que dijo “sí”  a nuestra salvación y envío a Jesucristo como salvador. Jesucristo es el “sí” más perfecto al Padre, cuya voluntad cumple perfectísimamente. Le haces coro tú, Santa María, Virgen gloriosa, con tu “sí” amoroso, virginal, valiente y total.</p>
<p>Quiero hacer de mi vida un “sí” al Señor y a la santa Iglesia; un “sí” total, incondicional, permanente, con todas las exigencias que encierra, con toda su ascética, que compromete mi existencia entera. Al decir “sí” quiero arrancarme de todo lo mío, como lo hicieron todos los que siguieron tu llamada.</p>
<p>“Sí” es el grito de los libres, de los que no están aprisionadas por condicionamientos ni ataduras. ¡Cómo nos ata y condiciona la vida, la familia, el cargo, el escalafón, la edad, la comodidad, la falta de ilusión y de espíritu de sacrificio. ¡Quiero vivir en un “sí” generoso y constante, porque creo y acepto tus bienaventuranzas, esas paradojas admirables tuyas que llaman dichosos a los pobres, a los mansos, a los que perdonan, a los limpios y sencillos de corazón, a los que aguantan y sufren.</p>
<p>“¡Aquí estoy!”. Dos palabras breves, tajantes. En latín una: “ecce”. Es la palabra que han pronunciado los grandes amigos de Dios siempre que oyeron su llamada. El primero que la pronunció con gran agrado del Padre fuiste tú, Señor. Esta fue tu primera y última palabra. Y durante toda tu vida esta fue la palabra más pronunciada, más repetida por ti, como permanente<em> ritornello </em>de tu canto a la gloria del Padre.</p>
<p>Esta palabra fue familiar para ti, Virgen María. Desde el Corazón de Cristo y al unísono de tu Corazón, unido a los grandes enviados a lo largo de la historia de la salvación y a los consagrados de todos los tiempos, quiero decir al Señor: aquí estoy, envíame. Aquí estoy; presente; dispuesto; lo que tú quieras; como tú quieras.</p>
<p>Aquí estoy Señor. Es la palabra que expresa mi actitud permanente de entrega, de disponibilidad; es la respuesta que quiero darte, la puesta a punto de mi espíritu, la prontitud de mi voluntad que llegue a arrastrar la carne, la sujete y domine, para hacer, siempre y en todo, cuanto sea de tu agrado. Lo mío es hacer, no escoger; lo mío es darme, no quedarme en simples planteamientos. Estoy dispuesto Señor, a dejar lo que hago, por mucho que me guste y por muy bien que me parezca, si tú me pides otra cosa a través de las sugerencias de la santa Iglesia. Estoy a punto, Señor. Espero tus órdenes. Y ya sabes que para mí, son órdenes cualquier deseo e insinuación tuya y de tu Iglesia.</p>
<p>“! Amén!”. Es la palabra mil veces repetida en las SagradasEscrituras y en la liturgia, que contiene un rico significado. Expresa la adhesión total, entusiasta y amorosa a tus planes, Señor; esos planes  del Padre realizados en ti, oh Cristo, que vives y actúas en la santa Iglesia.</p>
<p>Quiero hacer de mi vida un amén. Quiero enmarcar mi vida en un amén, grande, profundo, total, redondo, entero, definitivo, que abarque todo y dé sentido a todo. Un amén de los pies a la cabeza.</p>
<p>Cada mañana, al comenzar el día, desconocido, nuevo, sin estrenar, firmaré en blanco con un amén total, amoroso, confiado. Lo dejo todo en tus manos y en las de mi Madre Iglesia; que ella interprete el designio de Dios realizado en Cristo, sacramento universal de salvación, escriba lo que quiera. Yo ya he firmado en blanco de antemano y lo he rubricado con un amén. Santa María del Amén, quiero decir contigo amén a todo el plan de Dios sobre nosotros, sobre mí, sobre el mundo. Él todo lo hace con sabiduría y amor: amén. El, es el padre que nos ama: amén.</p>
<p>Amén es la respuesta de los valientes.</p>
<p>Mi vida quiero que sea un amén, como el tuyo. María, Madre mía, Señora del amén, con el espíritu de Cristo. Yo sé que “amén” es una palabra intraducible, inefable en su expresión completa, sencilla y profunda, llena de exigencias, breve como una sentencia, exigente como un contrato irrescindible, intocable como la profundidad de lo sublime, tajante como la verdad. Quiero enmarcar mi vida en un amén así completo, así luminoso y valiente.</p>
<p>“¡Aleluya!”. Es una fórmula hebraica intraducible.</p>
<p>Quiero que mi vida sea un aleluya de los pies a la cabeza, envuelta en la alegría y el gozo de la redención copiosa obrada por el Señor que nos visitó con entrañas de misericordia. Dame, María parte de tu espíritu del <em>magnificat  </em>para decir contigo en cualquier circunstancia de mi vida: “Proclama mi alma la grandeza de Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador”. Qué bien sabías decir el aleluya en la tierra. Qué perfecto aleluya el tuyo en el cielo.</p>
<p>Mi anhelo es que Dios sea en todo glorificado, que en todo reciba honor y gloria. Quisiera hacer algo para que la santa Iglesia, “unificada por virtud y a imagen de la Trinidad aparezca ante el mundo como Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu, para alabanza de tu infinita sabiduría”.</p>
<p>Este es el marco que quiero construir para mi vida: “Sí, aquí estoy, amén, aleluya”. Lo que quieras de mí,  Señor; lo que quieras de mí, que yo, con tu gracia estaré siempre contento. Pase, lo que pase, me suceda lo que me suceda: sí, aquí estoy, amén, aleluya. Haz de mí lo que quieras, que yo siempre quiero cantar el aleluya.</p>
<p>Santa María de las cuatro palabras, enséñame a decir: “Sí, aquí estoy, amén, aleluya”. Santa María de las cuatro palabras, enséñame a  vivir en el marco de estas cuatro actitudes: “Sí, aquí estoy, amén, aleluya”.</p>
<p>Pero es muy fácil desmarcarse. No siempre es fácil decir “sí”. Muchas veces resulta muy arriesgado decir “aquí estoy”. Hay ocasiones en que no sale el “amén” de ninguna manera, es muy duro el asunto. Y cuántas veces nos sentimos impotentes para decir “aleluya”, dar gracias a Dios, pues nos parece que no ha sido bueno con nosotros. Temo salirme del marco que acabo de fabricarme. No me dejes.</p>
<p><em>Santa María, Virgen de las cuatro palabras, ruega por nosotros.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Citas extraídas del mencionado libro<strong> Sub tuum praesidium Sancta Maria, Mater Ecclesiae </strong>en las páginas 121 a 124, Editorial EDICE, Madrid, 2016).</p>
<p><strong> </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong> </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p></div>
			</div>
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		<title>Santa María de las esperas</title>
		<link>https://www.acfmisericordia.org/santa-maria-de-las-esperas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 20 Feb 2022 15:46:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Santa María]]></category>
		<category><![CDATA[Santa María de la Vida Oculta]]></category>
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				<div class="et_pb_text_inner"><h3 style="text-align: center;"><strong>Santa María de las esperas </strong></h3>
<p><strong> </strong></p>
<p>Santísima Virgen María, Madre de Dios, que es rico de tiempo y de larga espera; nosotros, pobres de tiempo y con escasa capacidad de aguante, que tenemos que estar esperando constantemente y nos cuesta mucho esperar, implóranos tu protección y ayuda.</p>
<p>Tú siempre supiste aguardar en vigilante espera la hora del Señor, como Virgen prudente, siempre con la lámpara encendida, como Madre amorosa, sin cansarte de esperar.</p>
<p>Que largas esperas en tu vida silenciosa de Nazaret hasta que el Señor “miró la humillación de su esclava”. Qué expectante estuviste desde la Anunciación del ángel al nacimiento de Jesús. Qué larga espera en Egipto, desterrada; en Jerusalén buscando al niño perdido; en Caná, ignorando la “hora” del Señor; en el Calvario, esperando la muerte de tu Hijo; en el cenáculo, aguardando en vigilante espera su Resurrección y más tarde la venida del Espíritu Santo. Qué larga tu espera desde la Ascensión a la Asunción.</p>
<p>Tú supiste acoger con corazón humilde de sierva amorosa y fiel la inesperada respuesta de Jesús: “Mujer, todavía no ha llegado mi hora”. Ayúdanos a entender ese desconcertante y misterioso “todavía no” de Jesús. Enséñanos a esperar, a aceptar las inevitables esperas y demoras, ayúdanos a esperar.</p>
<p>Cuántas esperas en la vida y cuánto nos cuesta esperar; nos impacientamos mucho. Sobre todo, no sabemos estar en vigilante espera; no sabemos qué hacer en el tiempo de espera; invertimos mal los tiempos de espera; nos cuesta descubrir el valor de la espera.</p>
<p>Las esperas nos hacen caer en la cuenta de nuestras pobrezas e insignificancias, de lo mucho que necesitamos y no podemos lograr por nosotros solos, por nosotros mismos.</p>
<p>Nosotros, nerviosos, preguntamos impacientes: ¿aún no?; y el Señor responde: todavía no. Qué misterioso y desconcertante nos resulta muchas veces  ese “todavía no”. Qué largas se nos hacen las horas de Dios, ricas de tiempo, menguadas y breves. Qué interminables se nos hacen las horas cuando le llamamos y no viene, esperamos y no llega “todavía”.</p>
<p>Santa María de las esperas, ayúdanos en nuestras prisas y en nuestras esperas. Madre, que es muy poca nuestra capacidad de aguante. Cuando algo nos gusta y nos interesa, tenemos prisas de que llegue, nos cuesta esperar; cuando tememos algo, nos sobreviene lo que no esperábamos o creíamos, que sería menos duro y costoso, nos impacientamos, nos traicionan los nervios, o se nos hunde la esperanza. Las prisas y las esperas forman parte de nuestro problema.</p>
<p>Nuestra vida está llena de prisas y esperas, de logros y frustraciones. Ven en nuestra ayuda, Santa María de las esperas</p>
<p>Cuanto nos cuesta esperar a los otros, sobre todo esperar a que cambien. Pero no olvidemos que la paciencia pertenece a la categoría del amor. Si amamos, sabremos esperar. Dios es amor y es paciente y de larga espera. “La cólera divina” nunca es la  última palabra de Dios, ni el castigo su última decisión, sino el perdón; siempre está dispuesto al perdón, a dejar atrás sus amenazas, <strong>si nosotros estamos dispuestos  a retomar el buen camino.</strong></p>
<p>El Señor nos espera a nosotros, hemos saber aprender a esperar a los otros. “El respeto total del otro siempre ha de tomar visos de paciencia, ya que necesariamente incluye un elemento que se llama tiempo”. Necesitamos mucho tiempo para llegar a conocer al otro, para reconocerle tal y como es llamado por Dios en su seguimiento. Necesitamos mucho tiempo para desprendernos de nosotros mismos y aceptar al otro tal cual es. Necesitamos mucho tiempo para saber respetar el ritmo de cada persona. Hay que saber esperar. En el servicio de Dios esperando también se le sirve.</p>
<p>Cuántas veces dejamos a Dios para lo último y no lo tenemos como lo más prioritario y urgente en nuestra vida. “Si hoy escucháis la voz del Señor, no endurezcáis vuestro corazón”. Santa María de las esperas, ayúdame, tengo miedo de no estar a tiempo, de no responder a tiempo, al tiempo de Dios. Quítame la cobardía de la dilación. Me da miedo hacer esperar a Dios, no tengo derecho. “Cuántas veces el ángel me decía: alma, asómate ahora a la ventana y verás con cuánto amor llamar porfía, y cuántas, hermosura soberana, mañana le abriremos respondía, para lo mismo responder mañana”.</p>
<p>Santa María de las esperas, enséñanos a esperar sin impacientarnos, aún cuando tengamos que esperar largo tiempo. Danos esa paciencia que perdura en el tiempo y está entretejida de expectativas prolongadas y sabe soportar el peso del retraso. Danos esa paciencia, esa paciente espera que sabe respetar el ritmo del desarrollo de los acontecimientos y la evolución de las personas.</p>
<p>Quien no esté en vigilante espera no verá pasar “lo que pasa”; el suceso no será para el “acontecimiento salvador”. Hay muchos que “viendo no ven y oyendo no oyen”. No basta ver lo que pasa y observar lo que ocurre, si en lo que pasa y ocurre no somos capaces de ver al Señor que pasa trayendo la salvación.</p>
<p>Santa María de las esperas tengo miedo de echar a perder todo por no saber esperar.</p>
<p>Tampoco tengo derecho a hacer esperar a la gente. La dilación puede ocasionar  muchos males. La lentitud en aplicar los remedios es un género de injusticia. Es urgente luchar contra el mal que hace desgraciados a los hombres y es ofensa de Dios. La salvación a veces depende de un momento, que no podemos perder. Con el tiempo, casi todo se deteriora. El que sabe esperar sabe actuar a tiempo, sabe cuándo hay que esperar y cuándo no se puede esperar más. El perezoso e indolente no agrada al Señor.</p>
<p>Santa María de las esperas, ayúdanos a estar en vigilante espera. Esta vigilancia nos valdrá la visita del Señor a la hora que él ha determinado en sus insondables y bondadosos designios.</p>
<p><em>Santa María de las esperas, ruega por nosotros.</em></p>
<h6>(Citas extraídas del mencionado libro<strong> Sub tuum praesidium Sancta Maria, Mater Ecclesiae </strong>en las páginas 179 a 185, Editorial EDICE, Madrid, 2016).</h6></div>
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		<title>Santa María de la Vida Oculta</title>
		<link>https://www.acfmisericordia.org/santa-maria-de-la-vida-oculta/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 18 Jan 2022 15:28:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Santa María]]></category>
		<category><![CDATA[Santa María de la Vida Oculta]]></category>
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				<div class="et_pb_text_inner"><h3 style="text-align: center;"><strong><em>Santa María de la vida oculta</em></strong></h3>
<p><strong></strong></p>
<p><strong></strong></p>
<p style="text-align: justify;">Santa María de la vida oculta en los largos años de Nazaret, vengo a pedirte que me admitas junto a San José, a compartir esa vida oculta con Cristo para Dios. Por el bautismo, nuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Los consagrados a Dios en el sacerdocio, en la vida religiosa o de cualquier otra forma, están comprometidos a seguir más de cerca a Cristo en la vida escondida. El Espíritu Santo nos impulsa a todos a no vivir para nosotros mismos, sino para él, que por nosotros murió y resucitó. Santa María de la vida oculta quiero esconder mi vida en Cristo.</p>
<p style="text-align: justify;">La vida escondida con Cristo no es vida escondida en el egoísmo, en una falsa humildad y un falso misticismo, que se refugia en la soledad, porque piensa que el mundo es malo y estar con la gente es peligroso y complicado. Vida oculta no es vida inhibida, sin preocupaciones ni problemas; no es un angelismo absurdo que ignora los problemas y las dificultades de la vida real de la gente. Vida oculta no es vida huidiza de las personas, acomplejada, miedosa, desentendida de todo compromiso, no es vida aburguesada, inactiva, apática, comodona, enemiga de toda novedad por lo que toda novedad tiene de renovación y esfuerzo, de compromiso y de acción. Tampoco es una vida inútil, inutilizada por no poner en juego los talentos.</p>
<p style="text-align: justify;">Santa María de la vida oculta, ayúdame a descubrir en qué consiste la vida oculta con Cristo y comprender y vivir sus riquezas y exigencias. San José, siempre justo y fiel, que pasaste de puntillas por la vida para no distraer la atención de nadie y que todos miraran y atendieran a Jesús y a María, eres un encanto, el hombre que mejor entendiste y tradujiste en vida la vida escondida de tu amado Jesús y de María, admíteme en tu “taller” de vida escondida.</p>
<p style="text-align: justify;">La vida oculta tiene una dimensión psico-sociológica, que es la que viven millones de seres humanos, una vida ignorada, de seres insignificantes, que no llaman la atención, ni despiertan el interés de nadie, que viven sin apenas ser notados, sin hacer ruido, sin dejar huella; personas anónimas, apenas sin nombre, desconocidas, sin brillo, sin prestigios, sin privilegios, del montón. Tú, Señor, quisiste vivir esta dimensión de la vida escondida de tantos seres humanos; no ocupaste cargos; estuviste entre la gente sencilla; no gozaste de privilegios, tú que los tenías todos; no hubo un trato especial para ti por parte de la sociedad de los hombres.</p>
<p style="text-align: justify;">Enséñanos a ser así. La mayor parte somos seres sin importancia en el mundo; no nos demos importancia; no busquemos notoriedad; hagamos el bien a manos llenas y no nos preocupe otra cosa; sigamos siendo seres sin importancia a la mirada de las gentes, y gratos a la mirada de Dios Padre. Ante Dios nadie es un anónimo. Todos tenemos una dignidad y un valor espiritual tan grande que Dios nos ama como hijos suyos, redimidos a precio de sangre de Jesucristo Redentor. Que no nos preocupe aparentar, sino ser. Ante ti, Señor, no vale lo que uno aparenta, sino lo que es, no vale uno por lo que hace, sino por el modo como lo hace. Nunca es inútil uno porque pueda hacer poco o nada, sino cuando vive en el egoísmo y en el desamor. Santa María de la vida oculta, enséñanos a vivir una vida escondida, pero escondida con Cristo para Dios; enséñanos a servir sin pasar factura, a amar con amor desarmado, a hacer muchas cosas por los demás, a dar a fondo perdido, a vivir de la fe, como tú San José, una vida perdida de Jesús.</p>
<p style="text-align: justify;">Para vivir en santidad y justicia hemos de reprimir nuestros egoísmos; hemos de callar y guardar secretos, no podemos decir todo lo que sabemos; no es lícito revolver el cieno y el fango de nadie, por el placer de demostrar que estamos enterados. Señor, tu que te anonadaste, ayúdanos a negarnos a nosotros mismos, cuando nuestro yo maligno quisiera sobresalir; llamar la atención. Que sepamos callar y comprender, para no exasperar aún más al débil, al caído, con nuestros comentarios y murmuraciones; que sepamos arropar con cariño las heridas del alma de tantos heridos, que, al airearlas y exhibirlas a la crítica mordaz y la incomprensión, se emponzoñan, infectan y agravan aún más. Propagar bulos, noticias sensacionalistas, sembrar chismes por afán de notoriedad, no está conforme con la condición cristiana de vivir una vida escondida con Cristo en Dios.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin una vida escondida en Cristo, para Dios, no será posible que vivamos esas dos actitudes profundas: el silencio de la espera y el silencio de la aceptación plena de amor. Ahora me explico vuestra vida y vuestra misión, oh María!, oh, José; ahora me explico vuestra fidelidad y vuestra entrega.</p>
<p style="text-align: justify;">Señor, enséñanos a vivir una rica vida interior, contigo. Tú no te pagas de apariencias; das más importancia y extensión a la vida de trabajo callado, humilde, sencillo; los niveles de santidad no van por las cosas externas; no todo es igual, ni da todo lo mismo; hay cosas “necesarias” y otras que no son tanto; hay cosas importantes y otras que son “vanidad de vanidades”; no vale la pena dedicar a todo el mismo esfuerzo, ni gastar energías en cosas que no tienen importancia. Señor ayúdanos a revisar en qué proporción distribuimos el tiempo, cómo invertimos el dinero, las energías, los afectos, las preocupaciones; nunca “para ser vistos”; nunca para “agradar” a la gente y sacar provecho egoísta. Tú, Santa María de la vida oculta, no tuviste ventaja alguna humana por tu condición de Madre de Dios; tú, San José, en un segundo plano, no tuviste privilegio alguno por ser esposo de María y padre adoptivo de Jesús; con vosotros queremos aprender a vivir una vida escondida con Cristo para Dios.</p>
<p style="text-align: justify;">Trabajaremos sin mirar al tendido. Haremos las cosas para la gloria de Dios, no para la galería. Miraremos a Dios, solo a Dios, que ve lo escondido del corazón del hombre. Intentaremos vivir en profundidad y en serio no queremos aparentar, sino ver.</p>
<p style="text-align: justify;">San Jose, ocultó en Nazaret con María y Jesús; Santa María de la vida oculta en Nazaret con Jesús, rogad por nosotros, que queremos escondernos con vosotros con Cristo para Dios.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Santa María, de la vida oculta, ruega por nosotros.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em></em></p>
<h6 style="text-align: justify;"><strong>(Citas extraídas del citado libro <em>Sub tuum praesidium, Sancta Maria, Mater Ecclesia, en</em> las páginas 420 a 424, Editorial EDICE, Madrid 2016).</strong></h6></div>
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				<div class="et_pb_text_inner"><p style="text-align: justify;">La Asociación Misericordia dio inicio en octubre pasado a una sección nueva. Se trata de transmitir regularmente unos preciosos pensamientos sobre la Santísima Virgen María de autoría del Obispo emérito de San Cristóbal de La Laguna, Canarias, Mons. Damián Iguacén Borau.<br /> Este ilustre Prelado, fue el Obispo más anciano del mundo hasta su fallecimiento el 24 de noviembre.<br /> Cuando Mons. Damián Iguacén cumplió cien años, la Conferencia Episcopal Española publicó un libro denominado “Sub tuum praesidium Sancta Maria, Mater Ecclesiae” que reúne una serie de escritos de D. Damián sobre la Virgen María, dedicados a las más variadas advocaciones y títulos de la Virgen por él ideados.<br /> Por considerarlas de mucha utilidad para nuestros lectores, publicaremos regularmente citas de esos escritos de Mons. Iguacén en el libro editado por la CEE en la Editorial EDICE, Madrid 2016.</p></div>
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<p>La entrada <a href="https://www.acfmisericordia.org/santa-maria-de-la-vida-oculta/">Santa María de la Vida Oculta</a> se publicó primero en <a href="https://www.acfmisericordia.org">Asociación Misericordia</a>.</p>
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		<title>Santo que demuestra quien realmente es a favor de la igualdad y de la libertad</title>
		<link>https://www.acfmisericordia.org/santo-que-demuestra-quien-realmente-es-a-favor-de-la-igualdad-y-de-la-libertad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 12 Dec 2021 10:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Santos y bienaventurados]]></category>
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						<h5 class="et_pb_module_header"><span>Miquel Bordas Prószyñski</span></h5>
						<div class="et_pb_blurb_description">Publicado: </div>
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				<div class="et_pb_text_inner"><h3 style="text-align: center;"><strong>Santo que demuestra quien realmente es a favor de la igualdad y de la libertad</strong></h3>
<p><strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify;">La ciudad de Roma, la célebre y mundialmente conocida Città Eterna, vivía aquella mañana del seis de mayo de 1962 de una manera radiante. Ese día el papa Juan XXIII iba a realizar una nueva Canonización. Ningún santo es un santo cualquiera. Todos son modelos para los católicos pues practicaron en grado heroico las virtudes. Nos sirven de ejemplo, de modelo, de guía.</p>
<p style="text-align: justify;">Ese día de noviembre del año 1962,  ¿quién sería canonizado?. Tal vez un Papa, un Cardenal, un Rey, un famoso predicador, un ilustre médico, un canonista de prestigio, una ama de casa modelar, una madre heroica que prefirió sacrificar su vida que perder su hijo en un difícil parto… todo eso se preguntaba un romano que desayunaba cerca de la Plaza de San Pedro, en una cafetería del Borgo Pio, un capuchino caliente con un sabroso cornetto.</p>
<p style="text-align: justify;">La respuesta la obtuvo leyendo la edición de L&#8217;Osservatore Romano,  el entonces prestigioso diario de la Santa Sede. Su Santidad Juan XXIII proclamaría ese día las virtudes heroicas e incluiría en el catálogo de los Santos a un fraile dominico, peruano de nacimiento, mulato e hijo natural de un noble español y una esclava negra. Su nombre: Martín de Porres.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero, y ¿quién era Martín de Porres? Porque lo que yo siempre veo de él es una estampita en la que aparece con una escoba. Eso, Fray Escoba. Algo hizo además de barrer el convento imagino yo. Y sobre todo algo fue. Pues es más importante el ser que el hacer. Veamos un poco su vida e historia…Martín de Porres, su nombre completo era Juan Martín de Porres Velásquez y había nacido en la capital del Virreinato del Perú el nueve de diciembre de 1579. Allí mismo entregaría piadosamente su alma al Creador el tres de noviembre de 1639. Tuvo una hermana.</p>
<p style="text-align: justify;">En su infancia pasó por las privaciones materiales y económicas propias a su condición,  pero siempre con paz de alma y espíritu sobrenatural, sin afligirse y viendo en todo la voluntad de Dios. En determinado momento su padre reconoce a él y a su hermana con siendo sus hijos.</p>
<p style="text-align: justify;">Martín a la vez que piadoso era muy dotado de capacidades. Así siendo se fue adiestrando como auxiliar práctico, médico empírico, barbero y herborista. Pero más que los cuerpos eran las almas a quienes debería curar y hacer el bien. Así siendo en 1594 entra en la Orden de Santo Domingo, en aquel entonces de enorme prestigio. Fue Fray Juan de Lorenzana, famoso fraile quien le invita a ser hijo de Santo Domingo. Por ser hijo ilegítimo tendrá la categoría de “donado” -recibiría alojamiento y se tendría que encargar de muchas labores como “criado”.  Durante nueve años practicaría la virtud de la humildad en el ejercicio de esos trabajos rústicos. Nada de eso apagaba en el joven Martín el entusiasmo que le provocaba estar cumpliendo su vocación, porque sabía que -como diría la grande Santa Teresa de Jesús- “también en los pucheros anda Dios”.</p>
<p style="text-align: justify;">En 1603 fue admitido como hermano de la orden. Comienza para él otra etapa de su vida religiosa. Con las probaciones y alegrías que cada etapa de la vida nos regala el Señor. San Martín fue seguidor de los modelos de santidad de Santo Domingo de Guzmán, San José, Santa Catalina de Siena y San Vicente Ferrer. Sin embargo, a pesar de su encendido fervor y devoción, no desarrolló una línea de misticismo propia.</p>
<p style="text-align: justify;">Las buenas amistades siempre han caracterizado a los Santos en la historia. Fray Martín no sería  una excepción. Fue confidente de San Juan Macías fraile dominico, con el cual forjó una entrañable amistad. Se sabe que también conoció a Santa Rosa de Lima, terciaria dominica, y que se trataron algunas veces, pero no se tienen detalles históricamente comprobados de estas entrevistas. Ciertamente en el Cielo las vamos a conocer, pues en Dios todo es presente. He ahí una de los atractivos del Cielo…</p>
<p style="text-align: justify;">La personalidad llena de santidad  de San Martín hizo que fuera buscado por personas de todos los estratos sociales, altos dignatarios de la Iglesia y del Gobierno, gente sencilla, ricos y pobres, todos en o traban en él, alivio a sus necesidades espirituales, físicas o materiales. Su entera disposición y su ayuda incondicional al prójimo propició que fuera visto como un hombre santo. Es la fama de santidad que suele acompañar en vida a quienes son amigos verdaderos del Señor.</p>
<p style="text-align: justify;">Aunque él trataba de ocultarse, la fama de santo crecía día por día. Fueron varias las familias en Lima que recibieron ayuda de Fray Martín de Porres de alguna forma u otra. También, muchos enfermos lo primero que pedían cuando se sentían graves era: «Que venga el santo hermano Martín». Y él nunca negaba un favor a quien podía hacerlo. He aquí borra característica de la santidad, estar siempre dispuesto a ayudar a los demás olvidándose de sí mismo.</p>
<p style="text-align: justify;">Cercano a la sexta década de existencias, San Martín de Porres enferma gravemente y anuncia que había llegado la hora de encontrarse con el Señor. La noticia causó profunda conmoción en la capital peruana, y era tal la veneración hacia este fraile mulato dominico, que el propio virrey del Perú, D. Luis Jerónimo Fernández de Cabrera y Bobadilla fue a besarle la mano cuando se encontraba en su lecho de muerte pidiéndole que velara por él desde el cielo.</p>
<p style="text-align: justify;">Fray Martín solicitó a sus afligidos hermanos religiosos que entonaran en voz alta el Credo y mientras lo hacían, entregó piadosamente su alma a Dios. El reloj marcaba las 21:00 hrs. del 3 de noviembre de 1639 en la Ciudad de los Reyes, capital del Virreinato del Perú. Toda Lima le dio el último adiós en forma multitudinaria. Y allí delante de sus restos mortales se mezclaron personas de todos los estratos sociales. Altas autoridades civiles y eclesiásticas lo llevaron en hombros hasta la cripta, doblaron las campanas en su nombre y la devoción popular se mostró entusiasta porque tenían en el Cielo a un nuevo intercesor sin duda alguna, que haría ahora más milagros que cuando estaba vivo.</p>
<p style="text-align: justify;">Actualmente sus reliquias son veneradas son veneradas en la Basílica y Convento de Santo Domingo, de Lima, junto a los restos de Santa Rosa de Lima y San Juan Macías en el denominado «Altar de los Santos de Perú».</p>
<p style="text-align: justify;">Una palabra sobre sus milagros. En vida. Si aún en vida hizo Dios por su intermedio muchos milagros.</p>
<p style="text-align: justify;">Dice una autora que “<em>una noche, cuando ya era bien tarde, el cirujano Marcelo Rivera, huésped del convento, lo andaba buscando y no conseguía dar con él; le pregunta a uno, le pregunta a otro, pero nadie lo ha visto. Por fin, lo encuentra en la sala capitular “suspenso en el aire y puesto en cruz. Y tenía sus manos pegadas a las de un santo Cristo crucificado, que está en un altar. Y todo el cuerpo tenía así mismo pegado al del santo Crucifijo como que le abrazaba. Estaba elevado del suelo más de tres varas”.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Innumerables testigos presenciaron episodios similares. Así, por ejemplo, una noche en la que pocos conseguían conciliar el sueño en el edificio del noviciado, a causa de una epidemia que había dejado a la mayoría de los frailes en cama con fiebres muy altas, se oye en una de las celdas:</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>– Oh fray Martín, ¡quién me diera una camisa para mudarme!</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Era fray Vicente que se revolvía en su lecho entre los sudores de la fiebre y llamaba al enfermero, pero sin esperanzas de que fuera atendido, pues las puertas de aquel edificio ya se habían cerrado y fray Martín vivía fuera del mismo. Pero apenas había terminado de hablar cuando ve al hermano enfermero a su lado y que le está llevando lo que le había pedido. Sorprendido, le pregunta por dónde había entrado.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>– Callad y no os metáis en eso —le responde con bondad fray Martín mientras con el dedo le indica silencio.</em><em> </em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>No muy lejos de ahí el maestro de novicios, fray Andrés de Lisón, oye la voz de fray Martín y se pone en el pasillo para comprobar por donde había entrado. El tiempo corre y no pasa nada. Entonces resuelve abrir la puerta del enfermo: estaba a solas y dormía profundamente… La admiración se extendió por todo el convento.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Los frailes Francisco Velasco, Juan de Requena y Juan de Guía también recibieron visitas análogas. En otra ocasión, un fraile que velaba de noche en el claustro vio una gran luz y mirando qué era aquello vio a fray Martín que pasaba volando envuelto en esa luz.</em><em> </em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Una madrugada, como de costumbre, al toque de la campana toda la comunidad se reúne en la iglesia para cantar Maitines. De pronto, una claridad procedente del fondo ilumina todo el recinto sagrado. Los religiosos se vuelven para atrás y descubren el foco de tan intensa luminosidad: el rostro de fray Martín que había ido a ayudar al sacristán y allí estaba oyendo el canto sacro.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>«Dios sea bendito que toma tan vil instrument</em>o»</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Episodios como éstos ocurrían en cantidad y se volvían públicos y notorios. Poco a poco la fama del santo se difundió por toda Lima, llegando incluso hasta el virrey y el arzobispo. Sin embargo, nada de eso perturbó su humildad. De ninguna manera consintió perder la convivencia con lo sobrenatural volviéndose hacia sí mismo para disfrutar una gloria humana que pasa “como un sueño mañanero” (Sal 89, 5).</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>En una ocasión fue a visitar a la esposa de su antiguo maestro barbero, la cual padecía una enfermedad grave. Ésta lo invita a sentarse a los pies de su cama y entonces con disimulo estiró el brazo hasta tocar con su mano el manto del santo. En ese mismo instante se sintió curada y exclamó llena de asombro:</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>– ¡Ay, padre fray Martín, qué gran siervo de Dios es: pues hasta su vestidura tiene gran virtud! Con la astucia propia a la humildad, el santo le respondió: </em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>–La mano de Dios anda por aquí señora. Él lo ha hecho y el hábito de nuestro Padre Santo Domingo. Dios sea bendito que toma tan vil instrumento para tan grande maravilla y no pierde su valor y devoción el hábito de nuestro Padre, por vestirle tan grande pecador como soy yo”.</em></p>
<p style="text-align: justify;">El lector de L Observatore Romano al cual nos referimos al inicio de este artículo, pudo leer en la mañana siguiente -mientras tomaba su habitual capuchino y comía con apetito su sabroso cornetto- las palabras del Papa Juan XXIII pronunciadas el día antes durante la canonización de San Martín de Porres: “este santo varón, que con su ejemplo de virtud atrajo a tantos a la religión, ahora también, a los tres siglos de su muerte, de una manera admirable, hace elevar nuestros pensamientos hacia el Cielo”,</p>
<p style="text-align: justify;">Con el ejemplo de su vida, San Martín de Porres demostró que es posible conseguir la santidad por el camino que Cristo enseña: amando a Dios, en primer lugar, de todo corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente; y, en segundo lugar, amando a nuestro prójimo como a nosotros mismos. La igualdad en el amor a Dios. Porque como enseña San Pablo en su Carta a los Gálatas: “<em>Hermanos, vuestra vocación es la libertad: no una libertad para que se aproveche la carne; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor. Porque toda la ley se concentra en esta frase: «Amarás al prójimo como a ti mismo».</em></p></div>
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		<title>Santa María, Virgen Intrépida</title>
		<link>https://www.acfmisericordia.org/santa-maria-virgen-intrepida/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 11 Dec 2021 12:21:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Santa María]]></category>
		<category><![CDATA[Santa María pilar sagrado y colosal muleta para débiles y desvalidos]]></category>
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				<div class="et_pb_text_inner"><h3 style="text-align: center;"><strong>Santa María, Virgen intrépida</strong></h3>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando en el calvario todo parecía hundirse, la Virgen María estaba junto a la cruz de su Hijo. Estaba; sin temor a las amenazas, sin quebrarse ante el dolor, guardando íntegra la fidelidad prometida. Aquel delicioso y ya lejano, “hágase” de la Anunciación, culmina ahora, aquí, en este doloroso y silencioso: “Estaba junto a la Cruz”. Estaba, Dolorosa, pero erguida, valiente, en pie. Es la “Virgen Intrépida”, firme, perseverante, fiel. Nos acerquemos, para aprender, para pedir, por su intercesión, que el Señor nos conceda firmeza, fortaleza, intrepidez, fuerza de voluntad. Lo necesitamos.</p>
<p style="text-align: justify;">La fuerza de voluntad es necesaria para el seguimiento fiel de Cristo. La base humana de la santidad es tener una voluntad firme y decidida. Sin fuerza de voluntad tampoco se hace nada en el apostolado. Nada es fácil, sin fuerza de voluntad, todo se nos viene abajo. Flaqueamos mucho y en muchas cosas. Encontramos dificultades aún en lo que parecía fácil y sencillo. Tenemos experiencia de la propia debilidad, sobre todo en el campo de la moral. Los que hacen propósitos se desvanecen muchas veces en el momento en que deberían haberse mantenido. Algo no va bien en nosotros.</p>
<p style="text-align: justify;">Se nos olvida que somos herederos de aquellos a quienes acusaban de “alborotarlo todo”. Pertenecemos a la misma “raza escogida” de los mártires, confesores, vírgenes, santos y santas de Dios, que todo lo han dado por Cristo, y nosotros damos la impresión de tener poco coraje y escaso empuje apostólico. Estamos perdiendo el gusto por la “aventura de Dios”, seducidos por otras aventuras. Tenemos miedo, a hacer el ridículo, a que nos tilden de anticuados si somos fieles  a lo que hemos recibido. ¿Qué nos está sucediendo?</p>
<p style="text-align: justify;">Alguien con autoridad ha hecho, con gran acierto, el diagnóstico exacto del mal que nos aqueja: letargo de espíritu, frialdad de corazón, anemia de voluntad. La anemia de voluntad es muy perniciosa, y está en la base de nuestro mal. Con voluntad anémica no seremos capaces de responder a las llamadas del Señor. ¿Quieres? ¿Estás dispuesto?, nos pregunta. La oferta de salvación que nos hace exige una respuesta personal y libre por nuestra parte. Y nosotros tenemos capacidad de acogerla libremente o de rechazarla. Nuestra libertad elige. Existe la posibilidad real de eterna perdición. Esta posibilidad no reposa sobre la voluntad de Dios. Él quiere que todos se salven, reposa sobre nuestra libre voluntad, que frecuentemente es débil. ¿Por qué es tan débil nuestra  voluntad?</p>
<p style="text-align: justify;">La poca fuerza de voluntad puede tener tres causas, una en el entendimiento, otra en el sentimiento y otra en el temperamento. A la sombra de la Virgen Intrépida pensemos, reflexionemos y oremos, para encontrar dónde está la causa y el remedio de nuestra debilidad.</p>
<p style="text-align: justify;">La mentalidad actual es opuesta a todo lo que suponga sacrificio y privación. La privación es considerada represión. Pero no es así. El sacrificio, el  vencimiento propio, el esfuerzo personal, son factores necesarios para la madurez de la persona. Una represión impuesta, sin sentido, rompe la persona; una represión con sentido es totalmente necesaria. El “niégate a ti mismo” forma parte del seguimiento de Cristo.</p>
<p style="text-align: justify;">Hay que ser intrépidos ante el peligro, en la tentación, en los momentos duros; es menester vigilar y  orar y resistir valientes en la fe. La Virgen es Intrépida al pie de la Cruz. Intrépida en la obediencia, en la pobreza, en el dolor, nunca se desmayó ante el dolor. A nosotros todo eso nos hunde.</p>
<p style="text-align: justify;">Intrépidos en la fe. Como María, que dice a Jesús: “No tienen vino”, y no se decepciona por la respuesta aparentemente decepcionante que recibe: “todavía no ha llegado mi hora”. Aprendamos de María, Virgen Intrépida, a comprender las aparentes negativas de Jesús. Parece, nos parece, que dice no, pero es sí. Siempre dice sí, aunque parezca que es no. El “no” de Jesús es siempre “si”  para nosotros. Él, es el Sí, siempre Salvador, aún en sus aparentes “noes”. Lo que quiere y lo que permite que nos suceda es siempre bien para nosotros, todo es expresión de su amor. Si parece que nos niega algo, es siempre para darnos más y mejor. Él siempre es benévolo, nunca malévolo, en todo quiere el bien, quiere bien. Es cuestión de sintonizar con su voluntad, siempre benevolente. Jesús siempre llega a tiempo, aún cuando  nos parece que tarda: es el Señor del tiempo y de la historia. Es cuestión de sincronizar nuestra voluntad con la suya y de poner cada día nuestros relojes a su hora. Jesús nunca llega tarde, pero tampoco antes de la hora.</p>
<p style="text-align: justify;">“No tienen vino”, dice María a Jesús. El vino es símbolo de fortaleza, de vigor espiritual y de alegría: dos carencias nuestras. El vino simboliza también el amor llevado hasta el extremo de derramar la sangre, hasta la locura de la Cruz: “Sangre de Cristo”, embriágame. Eso nos hace falta a nosotros, amor y fuerza de voluntad: Díselo, Santa María, Virgen Intrépida.</p>
<p style="text-align: justify;">Amar es preocuparse con una preocupación activa, por el prójimo. El que ama de verdad apela a todo, quiere salvar todo, cuida y protege, busca soluciones a todo, no se resigna al castigo sin más, ni a la ruina de nadie. Como lo hace el Señor. Dios es Amor. Dios ama siempre, aun cuando parece que amenaza con castigos. Las amenazas de Dios son expresiones de su amor.</p>
<p style="text-align: justify;">Pidamos insistentemente fuerza de voluntad.  “Inspíranos Señor, el amor a tus preceptos y la esperanza en tus promesas, para que en medio de las vicisitudes del mundo nuestros corazones estén  fijos en la verdadera alegría. “Danos, Señor, la firme voluntad compañera y sostén de la virtud”. “Haznos intrépidos, capaces de luchar valerosamente por la confesión  de nuestra fe”. Dinos constantemente a los que constantemente caemos: “Levántate y anda”.</p>
<p style="text-align: justify;">Santa María, Virgen Intrépida, “que no nos cansemos. Nada de volver la cara atrás, nada de cruzarse de brazos, nada de estériles lamentos”.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Santa María, Virgen intrépida, ruega por nosotros.</em></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><strong>(Citas extraídas del mencionado libro Sub tuum praesidium Sancta Maria, Mater Ecclesiae en las páginas 443 a 449, Editorial EDICE, Madrid 2016).</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p></div>
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				<div class="et_pb_text_inner"><p style="text-align: justify;">La Asociación Misericordia dio inicio en octubre pasado a una sección nueva. Se trata de transmitir regularmente unos preciosos pensamientos sobre la Santísima Virgen María de autoría del Obispo emérito de San Cristóbal de La Laguna, Canarias, Mons. Damián Iguacén Borau.<br /> Este ilustre Prelado, fue el Obispo más anciano del mundo hasta su fallecimiento el 24 de noviembre.<br /> Cuando Mons. Damián Iguacén cumplió cien años, la Conferencia Episcopal Española publicó un libro denominado “Sub tuum praesidium Sancta Maria, Mater Ecclesiae” que reúne una serie de escritos de D. Damián sobre la Virgen María, dedicados a las más variadas advocaciones y títulos de la Virgen por él ideados.<br /> Por considerarlas de mucha utilidad para nuestros lectores, publicaremos regularmente citas de esos escritos de Mons. Iguacén en el libro editado por la CEE en la Editorial EDICE, Madrid 2016.</p></div>
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		<title>Santa María del Equilibrio</title>
		<link>https://www.acfmisericordia.org/santa-maria-del-equilibrio/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 04 Dec 2021 17:54:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Santa María]]></category>
		<category><![CDATA[Santa María pilar sagrado y colosal muleta para débiles y desvalidos]]></category>
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				<div class="et_pb_text_inner"><h3 style="text-align: center;"><strong>Santa María del equilibrio </strong></h3>
<p><strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify;">Santísima Virgen María, siempre te hemos invocado como Trono de la Sabiduría y Virgen Prudentísima. Bien sabes que necesitamos de tu ayuda para ser prudentes y para juzgar y saber de las cosas según Dios. Ahora te pedimos que intercedas ante el Señor, para que nos conceda el don del equilibrio, que hoy tanto necesitamos.</p>
<p style="text-align: justify;">Virgen del equilibrio, ruega por nosotros pecadores, para que seamos capaces de mantener el equilibrio cristiano en un mundo tan desequilibrado.</p>
<p style="text-align: justify;">Hay muchos desequilibrios y muchos desequilibrados. Falta equidad en los juicios, honradez en las conductas, fácilmente se pierde el equilibrio, y las actuaciones son ilógicas e incoherentes. Perder el equilibrio es caer. Las caídas son siempre un fracaso, muchas veces peligrosas y casi siempre hacen daño. Es grande el daño que se puede hacer cuando actuamos de forma desequilibrada y loca, cuando no hay equilibrio mental o emocional. Santa María del equilibrio, ruega por nosotros, para que seamos capaces de mantener siempre la lucidez de la razón, la rectitud del juicio y el equilibrio del corazón.</p>
<p style="text-align: justify;">Mucha gente “pierde los estribos”, “pierde los papeles”, “pierde el control”. Cuántos aún desde puestos de responsabilidad se descontrolan, se desequilibran y hacen disparates y locuras. ¿Dónde está el sabio, dónde el prudente, donde el equilibrado? Algunos tienen miedo a comprometerse demasiado, o ir demasiado lejos; el menor exceso les hace temblar; les preocupa enormemente conservar todo el “justo medio”. Pero esto no es equilibrio; esto es equilibrismo; allí no hay un equilibrado, sino un equilibrista.</p>
<p style="text-align: justify;">El pecado es la raíz, la fuente, el origen y la causa de los desequilibrios de los seres humanos. El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, al quitar el pecado, restablece la paz y el equilibrio; él es el equilibrio.</p>
<p style="text-align: justify;">No todo lo que nos proponen y nos presentan como equilibrado y sensato es sensato y equilibrado, según tus juicios, ni grato a tus ojos. Equilibrio cristiano no es ambigüedad, ni “nadar entre dos aguas”, no es astucia, picardía ni pillería, ni es irenismo  ni querer compaginarlo todo acrítica e irresponsablemente. Equilibrio cristiano no es una especie de malabarismo para no definirse, ni un juego “habilidoso para salir airoso”, aunque sea a base de fingir y mentir: “una mentira bien compuesta mucho vale y poco cuesta”, dicen algunos equilibristas. Equilibrio cristiano no es “politiqueo” ni táctico de echar balones fuera, ni el arte de quedar bien, ni un juego de prestidigitación en el que se manipula con la verdad y la mentira, las restricciones y las medias verdades.</p>
<p style="text-align: justify;">Santa María del equilibrio, queremos mantenernos en equilibrio cuando nos hallemos en situaciones de conflicto entre oración y acción, contemplación y trabajo, vida interior y vida exterior; cuando no sabemos si hablar o callar, actuar o inhibirnos, comprometernos o dejarlo pasar, marchar o quedarnos, decir sí o decir no, aceptar o rechazar. Ayúdanos a mantener el equilibrio cristiano entre amabilidad y exigencia, sencillez y prudencia, sinceridad, condescendencia con lenidad, diálogo con monólogo, celo con ira, fervor con fanatismo, escuchar con ceder; que encarnarse no es perder la identidad, libertad religiosa no es indiferentismo, actuación no es relajación, fidelidad no es intransigencia, amor a la paz no es pacifismo, apostolado no es proselitismo.</p>
<p style="text-align: justify;">Nunca se llega al equilibrio cristiano faltando a la verdad o al bien.</p>
<p style="text-align: justify;">No todo lo que parece equilibrado y sensato es sensato y equilibrado según tú, Señor. Por eso te pido que me “concedas serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, ánimo para cambiar las que puedo y sabiduría para discernir las unas de las otras” “mándame tu sabiduría para que me asista en mis trabajos”.</p>
<p style="text-align: justify;">No es fácil hallar personas verdaderamente equilibradas, a no ser que queramos honrar con ese título, como se hace frecuentemente, a individuos que parecen calmos y suaves, pero es que su debilidad espiritual los hace incapaces de estridencias, porque son incapaces de emitir ni sonidos; que están exentos de culpas y faltas, porque carecen de vida personal; que son modelos de orden y disciplina, porque no brota en su espíritu, en el estéril campo de su alma, ni ideas ni afectos ni arranques de voluntad. De tales aparentes equilibrados nada tiene que esperar ni la ciencia ni el arte ni la santidad, que suponen una larga serie de esfuerzos y de iniciativas. “El equilibrio verdaderamente deseable y provechoso es el equilibrio que llamamos positivo, es decir, el orden y el concierto de facultades y tendencias, todas vivas, enérgicas y operativas”.</p>
<p style="text-align: justify;">El equilibrio armoniza y abraza en sí tendencias opuestas: la voluntad y la pasión, la prudencia y la audacia, la lucidez y el entusiasmo.</p>
<p style="text-align: justify;">El mareo es más frecuente y más peligroso en las alturas; solo el humilde es grande y se mantiene en pie; líbranos, Señor, del mareo de las “alturas”. Hay una solución radical para curar los desequilibrios espirituales y es, lanzarse con los ojos cerrados en las manos de Dios, apoyados únicamente en su palabra.</p>
<p style="text-align: justify;">Quiero aprender que el amor a Dios y al prójimo es la fuerza equilibradora, integradora, de las personas y de las comunidades. Solo vive verdaderamente en una unidad y equilibrio quien ama.</p>
<p style="text-align: justify;">“Cualquier género de vida, cualquiera que sean sus prácticas, o su porte exterior, mientras busquemos sinceramente el amor de Dios y el amor del prójimo por Dios, será agradable a Dios.</p>
<p style="text-align: justify;">Señor, por intercesión de Santa María del equilibrio, danos tu luz y tu fuerza para que podamos moderar nuestros afectos, de suerte que ni las repugnancias de nuestra naturaleza sean obstáculo en el momento de tomar decisiones, ni las inclinaciones sean la razón de nuestro obrar; que no nos determinemos por impresiones, sino por razón, iluminados por la fe. Danos esa libertad interior, necesaria para situarnos en una igualdad de disposición con respecto a las cosas, en un equilibrio, para ni apasionarnos por lo uno ni por lo otro. Danos un corazón desembarazado, independiente y libre, para que no nos dominen las cosas, para que sepamos flotar sobre el oleaje y sigamos la línea de tu voluntad entre las vicisitudes cambiantes.</p>
<p style="text-align: justify;"><em> </em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Santa María del equilibrio, ruega por nosotros </em></p>
<p style="text-align: justify;"><em> </em></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><strong>(Citas extraídas del mencionado libro “Sub tuum praesidium Sancta Maria, Mater Ecclesiae” en las páginas 169 a 173, Editorial EDICE, Madrid 2016).</strong></p>
<p style="text-align: justify;"></div>
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				<div class="et_pb_text_inner"><p style="text-align: justify;">La Asociación Misericordia dio inicio en octubre pasado a una sección nueva. Se trata de transmitir regularmente unos preciosos pensamientos sobre la Santísima Virgen María de autoría del Obispo emérito de San Cristóbal de La Laguna, Canarias, Mons. Damián Iguacén Borau.<br /> Este ilustre Prelado, fue el Obispo más anciano del mundo hasta su fallecimiento el 24 de noviembre.<br /> Cuando Mons. Damián Iguacén cumplió cien años, la Conferencia Episcopal Española publicó un libro denominado “Sub tuum praesidium Sancta Maria, Mater Ecclesiae” que reúne una serie de escritos de D. Damián sobre la Virgen María, dedicados a las más variadas advocaciones y títulos de la Virgen por él ideados.<br /> Por considerarlas de mucha utilidad para nuestros lectores, publicaremos regularmente citas de esos escritos de Mons. Iguacén en el libro editado por la CEE en la Editorial EDICE, Madrid 2016.</p></div>
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		<title>Santa María del Agua</title>
		<link>https://www.acfmisericordia.org/santa-maria-del-agua/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 29 Nov 2021 15:13:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Santa María]]></category>
		<category><![CDATA[Santa María pilar sagrado y colosal muleta para débiles y desvalidos]]></category>
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				<div class="et_pb_text_inner"><h3 style="padding-left: 40px;"><strong><em>Santa María del agua</em></strong></h3>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Estamos ante el icono de la “Madre de Dios, Fuente de la Vida”. Según una antigua tradición, la Virgen María se apareció en las afueras de Constantinopla y señaló una fuente que había hecho brotar, milagrosa, cuyas aguas corrían por el bosque próximo. En el icono vemos un enfermo que bebe esta agua y queda curado ante la admiración del pueblo de Dios que contempla esta escena. Muy pronto se edificó allí un templo dedicado a la Virgen María. Algo parecido ocurrió en Lourdes. Es frecuente encontrar ermitas, santuarios, capillas o imágenes de la Virgen María junto a fuentes, ríos, estanques de agua. La devoción popular asocia con toda naturalidad el agua a la Virgen María y hasta la llama “Sellada Fuente pura de gracia y de piedad”.</p>
<p style="text-align: justify;">Son muchas, muy variadas y muy sugerentes las advocaciones con que el pueblo cristiano invoca a la Virgen María; así intenta expresar lo cercana que la siente en sus necesidades y problemas. Siendo el agua un elemento tan necesario en la vida, no podía faltar la advocación de Nuestra Señora del Agua”.</p>
<p style="text-align: justify;">La gota de agua. Tenemos agua en grandes masas, que llamamos mares, océanos; pero también tenemos agua a gotas, gota a gota. No despreciemos la gota de agua, como algo pequeño. Tiene importancia por sí misma. “Agua blanda, en piedra dura, tanto da, que hace corvadura”. “El que no atiende a la gotera, tendrá que atender a la casa entera”. Muchos edificios han fallado, no por los cimientos, sino por las goteras. No despreciemos lo pequeño simplemente por serlo. Una gota de agua acogida por una concha puede convertirse en una perla. “Si la gota de agua dijera: una gota de agua no puede formar un río, no habría océano”.</p>
<p style="text-align: justify;">Los ríos. Hay agua de ríos. “Ríos bendecid al Señor”. “Él alumbró manantiales y torrentes; él secó ríos inagotables”. El profeta, emocionado, dice: “me mostró un río “. Qué maravillas son los ríos. Y cuántas cosas podemos aprender de ellos. El agua que discurre ante nuestros ojos nos recuerda la fugacidad de las cosas y lo transitoria que es nuestra vida. “Nuestras vidas son los ríos que van a dar en el mar, que es el morir”. A la orilla del río vemos con qué rapidez va pasando lo que lleva el río flotando. “Recuerde el alma dormida, avise el seso y despierte contemplando, cómo se pasa la vida, como se viene la muerte tan callando”.</p>
<p style="text-align: justify;">Se viene la muerte, pero nuestra vida no termina, se transforma. El mar es el fin del río, pero la muerte no es el fin de la vida, sino el comienzo de la vida eterna. “Se acabaron la lucha y el camino, y dejando el vestido incorruptible, revistióme mi Dios de incorruptible”. La muerte no nos sumerge en el “absoluto anónimo”; la muerte nos lleva a Dios, que es la Vida. A él hemos de rendir cuentas de nuestra vida aquí. Pasemos esta vida haciendo el bien.</p>
<p style="text-align: justify;">El agua del río está de paso, pero pasa haciendo el bien: “la tierra se sacia de su acción fecunda”. Solo hace daño cuando se desborda. Bien canalizada, se transforma también en energía eléctrica; al mover las turbinas de las centrales escalonadas a lo largo de su curso y apenas perceptibles. Qué energía sobrenatural puede producir, cuánto bien hace al mundo la “vida escondida con Cristo en Dios” de tantos hombres y mujeres consagradas al Señor.</p>
<p style="text-align: justify;">Hay muchas nubes en nuestro caminar por la vida. Con estas nubes Dios nos quiere despistar. Dios no es algo nebuloso, anónimo, inasequible, inasible, un ideal huidizo, inaccesible,  una abstracción. Dios es amor.</p>
<p style="text-align: justify;">La nube no aleja a Dios, no es signo de un Dios incomprensible, sino de un Dios inagotable. Lo incomprensible nunca dijo la primera palabra; lo inagotable nunca dice la última. Dios es infinito, inagotable.</p>
<p style="text-align: justify;">La Virgen María, nuestra Señora del agua, es invocada por la Iglesia también como “Vaso”. El agua y el vaso están muy relacionados. Vaso, así, en general, es un recipiente, de cualquier materia y forma, apto para recibir y retener cosas y sobre todo líquidos. Según la Sagrada Escritura las personas somos “vasos” destinados por Dios para llevar el bien, para “dar de beber al sediento”. Las personas que así lo hacen son “vasos de elección”. Los injustos y fraudulentos se llaman “vasos pésimos”. Pero, todos somos “vasos de barro”, frágiles, que nos rompemos fácilmente, y tenemos que andar con cuidado. “No echéis en saco roto la gracia de Dios” nos dice el Apóstol.</p>
<p style="text-align: justify;">Hemos de ser “vasos preciosos”. Los vasos son preciosos o por la materia y forma artística que tienen, o por lo que contienen, por el uso que se hace de ellos, o por la utilidad que nos reportan. El cristiano es un vaso de elección destinado por Dios a llevar el Evangelio por todas partes, a colaborar con el Señor en la obra de la redención del mundo. Grandes tesoros ha depositado el Señor en nosotros. No seamos vasos rotos que derraman el agua. ¿Para que sirve el agua derramada? El vaso recibe, retiene y da de deber el agua que guarda. Sea de la materia, que sea, qué maravilla el cántaro, el botijo, la cantimplora, la botella, la redoma, siempre a punto para que beba el sediento. La materia y la forma artística son valores añadidos, valores que sirven de muy poco para que uno que se acerca a ellos a beber y no contienen agua. No nos quedemos para nosotros mismos los dones que el Señor nos ha dado; en el darnos a los demás con amor encontraremos una gran felicidad.</p>
<p style="text-align: justify;">El agua merece un gran respeto. Tiene sus leyes; cuando no se respetan, el agua, que es una bendición, se vuelve castigo, es vital, pero también letal; es refrescante y clara, pero se puede envenenar; da vida, pero también ahoga. No abusemos ni maltratemos ni desperdiciemos el agua. No malgastemos los dones de Dios, no juguemos con la vida. Con agua enjabonada se suele hacer burbujas y pompas que, “cuando de lejos se miran cautivan el corazón, / más se ve que nada son/cuando al tocarlas espiran”. El agua hecha granizo, en el suelo parece una perla preciosa; pero, al tocarlo, se disuelve en agua. Cuántas locas ilusiones son un “pedrisco” para el espíritu. Y “cuántos, por lavar quizás/las manchas de su consciencia, / empañan con insolencia/ el honor de los demás”. Seamos vasos de elección, portadores de la Buena Noticia.</p>
<p style="text-align: justify;">En la Letanía Lauretana tres veces llamamos a la Virgen María “Vaso”: “Vaso espiritual, vaso venerable, vaso insigne de devoción”. Y lo hacemos con toda razón. Ella es vaso que contiene el maná que nos alimenta y encierra en sí toda delicia. Ella es vaso lleno del amor encarnado en su seno purísimo, Jesucristo. Fuente de agua viva, alimento sobrenatural. Ella es “Copa de salvación”, “Arca de la Nueva Alianza”, sagrario y custodia viviente, templo de la Santísima Trinidad, vaso insigne, virgen acogedora,  que nos enseña y ayuda a ser nosotros también acogedores, vasos llenos de agua, para saciar la sed de Jesús y la de todos los “sedientos”. “La Fuente sellada que brotó del Edén es la Santa Madre de Dios”. “Salve Fuente de vida y salud. Salve, Fuente que lavas las almas. Salve, oh, Copa que derrama alegría. Salve, oh, Santa Madre de Dios, Fuente de la vida”. </p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><em>Santa María del agua, ruega por nosotros.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>(Citas extraídas del mencionado libro Sub tuum praesidium Sancta Maria, Mater Ecclesiae en las páginas 30 a 42, Editorial EDICE, Madrid 2016).</strong></p></div>
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				<div class="et_pb_text_inner"><p style="text-align: justify;">La Asociación Misericordia dio inicio en octubre pasado a una sección nueva. Se trata de transmitir regularmente unos preciosos pensamientos sobre la Santísima Virgen María de autoría del Obispo emérito de San Cristóbal de La Laguna, Canarias, Mons. Damián Iguacén Borau.<br /> Este ilustre Prelado, fue el Obispo más anciano del mundo hasta su fallecimiento el 24 de noviembre.<br /> Cuando Mons. Damián Iguacén cumplió cien años, la Conferencia Episcopal Española publicó un libro denominado “Sub tuum praesidium Sancta Maria, Mater Ecclesiae” que reúne una serie de escritos de D. Damián sobre la Virgen María, dedicados a las más variadas advocaciones y títulos de la Virgen por él ideados.<br /> Por considerarlas de mucha utilidad para nuestros lectores, publicaremos regularmente citas de esos escritos de Mons. Iguacén en el libro editado por la CEE en la Editorial EDICE, Madrid 2016.</p></div>
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		<title>Santa María, muleta para débiles y desvalidos</title>
		<link>https://www.acfmisericordia.org/santa-maria-muleta-para-debiles-y-desvalidos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Nov 2021 12:11:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Santa María]]></category>
		<category><![CDATA[Santa María pilar sagrado y colosal muleta para débiles y desvalidos]]></category>
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				<div class="et_pb_text_inner"><h3 style="text-align: center;"><strong>Santa María pilar sagrado y colosal muleta para débiles y desvalidos</strong></h3>
<p><strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify;">Señor Jesucristo, cuando contemplo a tu Santísima Madre, la Virgen María, bajo la advocación del Pilar, me encanta contemplarla también como amparo celestial y colosal muleta para remedio de nuestras debilidades y cojeras. Y me siento muy contento y agradecido. Porque estoy viendo que casi todos los seres humanos cojeamos de algo, cojeamos mucho, en muchas cosas y de muchas maneras. Anda que no hay paralíticos, cojos y claudicantes, también en su fe, en su vida Cristiana y en su conducta moral, pública y privada. Aquí señor, “el que no cojea, renquea”. Necesitamos unas buenas muletas para ir teniéndonos en pie y no acabar de caer. Muletas en sentido literal y muletas en sentido alegórico, “apoyos”, para tantas discapacitaciones y limitaciones que tenemos en el cuerpo y en el alma.</p>
<p style="text-align: justify;">Pienso que, siendo Pilar, la Virgen María es providencial punto de apoyo, como bastón, muleta para sostener nuestra fe vacilante y débil, para afirmar nuestra esperanza insegura, y para consolidar nuestra caridad floja y poco comprometida; un remedio para nuestras frecuentes claudicaciones en las ideas y en los comportamientos.</p>
<p style="text-align: justify;">Qué gozo pensar que tu Santísima Madre es Pilar que sostiene, afianza y afirma, que impide el derrumbamiento, es muleta que permite ir de pie al que no se tiene en pie; es bastón donde se apoyan nuestras debilidades. Gracias, Señor. Ojalá sepamos valernos de esta preciosa ayuda que has dado a nuestra fragilidad humana, de este remedio tan eficaz para nuestros males.</p>
<p style="text-align: justify;">En la iconografía de los Santos hay bastones y cetros, símbolo de poder y dignidad, y también de generosidad y benevolencia. Falta ver muletas como detalle iconográfico específico. Ya las tenemos. Al acercarme a ti, Virgen Santa del Pilar, descubro que tu Pilar es muleta y amparo celestial. Pero acabo de descubrir, también, preciosas muletas en mano de una mujer tullida, elevada a los altares, proclamada bienaventurada. Qué alegría. Al glorificar la Iglesia a la Madre Genoveva Torres la mujer tullida, cuyo cuerpo reposa junto al Pilar, han sido glorificadas todas las muletas de todos los tullidos del mundo, han adquirido una categoría singular, han dejado de ser signo de invalidez y se han convertido en instrumento hecho para perfeccionamiento y santificación de quien las tiene que usar.</p>
<p style="text-align: justify;">Santa María, tu que eres Pilar, muleta providencial para todos los discapacitados, haz que ningún inválido en la tierra encuentre ya barreras en su camino, ni en sí mismo, y en los otros, tampoco barreras arquitectónicas, tampoco barreras que llaman marginación, tampoco barreras psicológicas y el no sentirse comprendidos o por no aceptar su propia realidad.</p>
<p style="text-align: justify;">No es lo peor tener que usar muletas, u otras prótesis y ortopedias por deficiencias físicas, lo peor es estar inmovilizados por dentro, por tener averiado el espíritu no avanzamos en la vida ni en la virtud, por tener paralizada el alma; “tienes nombre de vivo, pero estás muerto”, eso es lo peor.</p>
<p style="text-align: justify;">Para todos es muleta providencial Santa María, Madre de Dios, que es Madre de misericordia, apoyados en ella, podemos caminar los caminos del Señor, todos los que débiles y torpes en el cuerpo o en el espíritu, vacilamos, claudicamos, nos cansamos y nos paramos con frecuencia. Las muletas vienen a ser unos pilares que sostienen y apoyan al que anda averiado de las piernas. Tu, llamándote y siendo Pilar, te conviertes en la colosal muleta que necesitamos los pobres hijos de Eva que andamos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas, llenos de averías en la carne y en el espíritu.</p>
<p style="text-align: justify;">Que misterio de muletas. Por la misma razón por la que “el cojo de Calanda” fue curado y quedó libre de sus muletas, por esa misma razón Madre Genoveva no fue curada, quedó coja para siempre, atada a sus muletas desde los trece años. La razón es el amor de Dios, la razón es la gloria de Dios, en ambos casos. El Señor manifestó su amor en uno y otro caso. El Señor fue glorificado en uno y otro caso. Qué misterio este de las muletas junto al Pilar, la colosal muleta, amparo celestial.</p>
<p style="text-align: justify;">Por amor, Dios restituyó a Pelliser la pierna apuntada: seguramente es tu milagro más ruidoso. Virgen Santa del Pilar. Por amor, Dios no restituyó a madre Genoveva la pierna amputada, y quedó fija de oír vida, sin pierna y con muletas. Todo es cuestión de amor. En todo hay amor de Dios.</p>
<p style="text-align: justify;">Me encanta ver a Pelliser colgar sus muletas porque ya no las necesita. Me encanta contemplar a la beata (hoy en 2021 ya Santa) abrazada gozosamente a sus muletas, sin las que no podrá dar ya 7n paso en la vida y en los dos casos hay una dinámica de amor.</p>
<p style="text-align: justify;">Con tu ayuda es posible sonreír y cantar a la vida, aunque estemos heridos en el alma o en el cuerpo. Sonreír y cantar, para acentuar enseguida nuestra valiente y firme reacción contra los primeros movimientos de la naturaleza que se rebela y el amor propio que protesta. Grítanos desde la altura de tu Pilar, las palabras de Jesús: “Levántate y anda”. Vengan esas muletas, Santa Virgen María, mi Pilar de apoyo; quiero levantarme de mis postraciones, quiero andar, quiero echar a andar por el camino del bien, aunque sea paso a paso, apoyado en ti; sé tú mi muleta, contigo puedo. </p>
<p style="text-align: justify;">Quiero caminar por las alturas. Puedo ser ángel con muletas. Puedo hacer alas de mis muletas. La beata Genoveva, que andaba siempre y penosamente con muletas, soñaba con ángeles, pensaba en la agilidad de los ángeles, fundó una Congregación de Religiosas “Angélicas”. Tú Pilar es llevado por ángeles. Aunque desgraciados en la vida, tullidos en el cuerpo, maltrechos en el espíritu, podamos tener alas de ángel. Las torpezas, las limitaciones, las incontables y condicionantes “muletas” que llevamos por la vida, no han de ser un peso que nos hunda, nunca han de ser un obstáculo para volar, bajo tu amparo, Santa Madre de Dios, como lo hizo la beata Genoveva.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Santa María pilar sagrado y colosal muleta para débiles y desvalidos, ruega por nosotros</em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>(Citas extraídas del mencionado libro Sub tuum praesidium Sancta Maria, Mater Ecclesiae en las páginas 309 a 314, Editorial EDICE, Madrid 2016).</strong></p></div>
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				<div class="et_pb_text_inner"><p style="text-align: justify;">La Asociación Misericordia dio inicio en octubre pasado a una sección nueva. Se trata de transmitir regularmente unos preciosos pensamientos sobre la Santísima Virgen María de autoría del Obispo emérito de San Cristóbal de La Laguna, Canarias, Mons. Damián Iguacén Borau.<br /> Este ilustre Prelado, fue el Obispo más anciano del mundo hasta su fallecimiento el 24 de noviembre.<br /> Cuando Mons. Damián Iguacén cumplió cien años, la Conferencia Episcopal Española publicó un libro denominado “Sub tuum praesidium Sancta Maria, Mater Ecclesiae” que reúne una serie de escritos de D. Damián sobre la Virgen María, dedicados a las más variadas advocaciones y títulos de la Virgen por él ideados.<br /> Por considerarlas de mucha utilidad para nuestros lectores, publicaremos regularmente citas de esos escritos de Mons. Iguacén en el libro editado por la CEE en la Editorial EDICE, Madrid 2016.</p></div>
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		<title>Santa María del Ángelus</title>
		<link>https://www.acfmisericordia.org/santa-maria-del-angelus/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Administrador]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 29 Oct 2021 10:54:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Santa María]]></category>
		<category><![CDATA[Santa María del Ángelus]]></category>
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				<div class="et_pb_text_inner"><h3 style="text-align: center;"><strong>Santa María del ángelus</strong></h3>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Santa María del ángelus,  no sé con qué alabanzas ensalzarte, porque llevaste en tu seno al que los cielos no pueden abarcar; permíteme que, al menos tres veces cada día, me dirija a ti para saludarte, agradecer tu consciente y voluntaria cooperación a la obra de nuestra redención, y recordar contigo el misterio de la Encarnación.</p>
<p style="text-align: justify;">Quiero celebrar contigo, al menos en tres momentos de cada día, el admirable intercambio realizado por el Creador del género humano, cuando, tomando cuerpo y alma en tus purísimas entrañas y naciendo de ti, virginalmente se hizo hombre y nos dio parte en su divinidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Quiero estar contigo, al menos tres momentos del día, para dar gracias contigo al Señor porque se dignó elevarnos al orden sobrenatural.</p>
<p style="text-align: justify;">Quiero, al menos tres veces cada día recordar que por ti entró en el mundo el que ha venido a inaugurar el tiempo nuevo anunciado por los profetas, recordarte las palabras del Ángel y felicitarte porque llevaste en tu seno a Cristo, el Salvador.</p>
<p style="text-align: justify;">Santa María del ángelus, ante la admiración del cielo y tierra, engendraste a tu santo Creador; quiero, al menos tres veces al día, adorar en ti al Verbo encarnado. En ti, tabernáculo purísimo de su presencia y sagrario del Espíritu Santo, quiero descubrir cada día que todos los caminos pasan por Cristo, Dios y Hombre verdadero. Ya no puedo ir a Dios sin pasar por el hombre. Ya no puedo ir al hombre prescindiendo de Dios. Dios y hombre están indisolublemente unidos. No se puede amar a Dios de verdad si no amamos a la persona humana. No se puede amar de veras a las personas si ignoramos a Dios. Dios y el hombre se han encontrado en Cristo, Dios hecho Hombre en tus purísimas entrañas. Santa María del ángelus,  quiero recordar al menos tres veces al día, que todos los caminos se cruzan en Cristo, Dios y hombre verdadero.</p>
<p style="text-align: justify;">Santa María del ángelus, quiero invocarte tres veces al día como Santa María de la Concordia, pues en ti llegó el momento culminante del plan que el Padre había proyectado realizar por Cristo: recapitular en él todas las cosas, reconciliar consigo todos los seres, haciendo la paz.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Por eso, todos los días, al menos tres veces, al recordar el misterio de la Encarnación, quiero pedir la concordia y comprometerme a vivir en concordia y a trabajar por la concordia. Sin la concordia, ninguna ofrenda agrada a Dios.</p>
<p style="text-align: justify;">Cada día, al menos tres veces, quiero comprometerme, recordando la Encarnación, a destruir las obras de la carne que llevan a la desintegración, a la dispersión. Siempre ha inspirado a la Iglesia un horror instintivo la división y el cisma. Romper la unidad es lo mismo que romper la verdad. El veneno de la discordia es tan pernicioso como el del error. Los que son infieles a la unidad de la Iglesia atacan la propia unidad de Dios. La discordia ataca a lo más querido por Cristo y falta a la caridad más esencial, que es la caridad que vela por la unidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Que no hable de verdad quien no vive en unidad. Que no hable de unidad quien no viva en caridad. En Cristo, verdad, unidad y caridad se identifican. La caridad que menosprecia la unidad, no es auténtica; la unidad solo es aparente donde no reina la caridad.</p>
<p style="text-align: justify;">Santa María del ángelus, Virgen de la Concordia, hazme vivir al menos, en tres momentos cada día, de manera intensa, la necesidad de la concordia, paz y unión; de pedir que la Iglesia sea instrumento de concordia y de unidad entre todos los hombres y signo de salvación para todos los pueblos.</p>
<p style="text-align: justify;">Al recordar tres veces cada día el misterio de la Encarnación, quiero comprometerme a vivir en concordia, paz y unión y a trabajar para que todos nos mantengamos unánimes y concordes.</p>
<p style="text-align: justify;">Por la mañana, al mediodía, por la tarde esta será mi oración.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><strong>ÁNGELUS</strong></p>
<p style="text-align: justify;">V / El ángel del Señor anunció a María</p>
<p style="text-align: justify;"><em>R / Y concibió por obra del Espíritu Santo</em></p>
<p style="text-align: justify;">Dios te salve María….</p>
<p style="text-align: justify;">V/ He aquí la esclava del Señor</p>
<p style="text-align: justify;"><em>R</em>/ <em>Hágase en mí según tu palabra</em></p>
<p style="text-align: justify;">Dios te salve María….</p>
<p style="text-align: justify;">V/ Y el Verbo se hizo carne</p>
<p style="text-align: justify;"><em>R/ Y acampó entre nosotros</em></p>
<p style="text-align: justify;">Dios te salve María….</p>
<p style="text-align: justify;"> <strong>Oremos</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Derrama Señor, tu gracia sobre nosotros, que por el anuncio del ángel hemos conocido la Encarnacion de tu Hijo, para que lleguemos por su Pasión y su cruz a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"> <strong>Ubi Caritas</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Donde hay verdadera caridad</p>
<p style="text-align: justify;">allí esta Dios.</p>
<p style="text-align: justify;"> Nos congregó en unidad el amor de Cristo;</p>
<p style="text-align: justify;">Exultemos de alegría y nos gocemos en él;</p>
<p style="text-align: justify;">Temamos y amemos al Dios vivo,</p>
<p style="text-align: justify;">Y nos amemos unos a otros con sincero corazón.</p>
<p style="text-align: justify;">Donde la caridad es verdadera</p>
<p style="text-align: justify;">allí esta Dios.</p>
<p style="text-align: justify;">Congregados en la unidad</p>
<p style="text-align: justify;">No nos dividamos por el modo de pensar,</p>
<p style="text-align: justify;">Lo evitemos;</p>
<p style="text-align: justify;">Cesen las contiendas malignas, cesen los litigios;</p>
<p style="text-align: justify;">En medio de nosotros esté Cristo Dios.</p>
<p style="text-align: justify;">Donde la caridad es verdadera</p>
<p style="text-align: justify;">allí esta Dios.</p>
<p style="text-align: justify;">El que no ama, siempre anda en la noche,</p>
<p style="text-align: justify;">Envuelto en tinieblas y en sombras de muerte;</p>
<p style="text-align: justify;">Si vivimos en el amor;</p>
<p style="text-align: justify;">Seremos hijos de la luz e hijos del día.</p>
<p style="text-align: justify;">Donde la caridad es verdadera</p>
<p style="text-align: justify;">allí esta Dios.</p>
<p style="text-align: justify;">Unidos en el amor al que nos salvó,</p>
<p style="text-align: justify;">Y reunidos por el Espíritu del Padre,</p>
<p style="text-align: justify;">Vivamos de verdad como hermanos,</p>
<p style="text-align: justify;">Y difundamos amor y alegría sobre la tierra.</p>
<p style="text-align: justify;">Donde la caridad es verdadera</p>
<p style="text-align: justify;">allí esta Dios.</p>
<p style="text-align: justify;">Pidamos confiadamente al Padre Santo</p>
<p style="text-align: justify;">Nos conceda la paz en nuestros días;</p>
<p style="text-align: justify;">Que, olvidando los pueblos sus rencores,</p>
<p style="text-align: justify;">El mundo se renueve en el amor.</p>
<p style="text-align: justify;">Donde la caridad es verdadera</p>
<p style="text-align: justify;">allí esta Dios.</p>
<p style="text-align: justify;">Unidos a los bienaventurados,</p>
<p style="text-align: justify;">Contemplemos tu rostro, oh Cristo Dios;</p>
<p style="text-align: justify;">Este será nuestro gozo inmenso y santo,</p>
<p style="text-align: justify;">Por los siglos de los siglos. Amén.</p>
<p style="text-align: justify;">Donde la caridad es verdadera</p>
<p style="text-align: justify;">allí esta Dios.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><strong>(Citas extraídas del mencionado libro Sub tuum praesidium Sancta Maria, Mater Ecclesiae en las páginas 43 a 46, Editorial EDICE, Madrid 2016).</strong></p></div>
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				<div class="et_pb_text_inner"><p style="text-align: justify;">La Asociación Misericordia dio inicio en octubre pasado a una sección nueva. Se trata de transmitir regularmente unos preciosos pensamientos sobre la Santísima Virgen María de autoría del Obispo emérito de San Cristóbal de La Laguna, Canarias, Mons. Damián Iguacén Borau.<br /> Este ilustre Prelado, fue el Obispo más anciano del mundo hasta su fallecimiento el 24 de noviembre.<br /> Cuando Mons. Damián Iguacén cumplió cien años, la Conferencia Episcopal Española publicó un libro denominado “Sub tuum praesidium Sancta Maria, Mater Ecclesiae” que reúne una serie de escritos de D. Damián sobre la Virgen María, dedicados a las más variadas advocaciones y títulos de la Virgen por él ideados.<br /> Por considerarlas de mucha utilidad para nuestros lectores, publicaremos regularmente citas de esos escritos de Mons. Iguacén en el libro editado por la CEE en la Editorial EDICE, Madrid 2016.</p></div>
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